KAREN BENCOMO, Tenerife
La Sala de lo Penal de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife celebró ayer la primera vista oral de un juicio con jurado por el que se viene acusando a Renata F.S., una mujer de 43 años, como presunta autora del asesinato de su vecino, un anciano de 83 años. Los hechos sucedieron en 2005, en Buenavista del Norte.
Por ello, el fiscal ha solicitado una pena condenatoria de 18 años de prisión por un delito de asesinato y la acusación particular elevó, por el mismo delito, la pena a 20 años. Por su parte, el letrado de la defensa pidió la libre absolución de su representada alegando la eximente completa de embriaguez.
El representante del Ministerio Fiscal, en su escrito de conclusiones, expuso que Renata, de nacionalidad americana y afincada desde su infancia en Alemania, mantenía una pésima relación con su vecino Karl Heinrich V.K.SH., un alemán de 83 años, que padecía una diabetes insulino-dependiente con una grave atrofia muscular que le tenía casi imposibilitado en la cama, precisando de un andador para caminar y de ayuda externa para realizar los actos normales de la vida.
El día 20 de noviembre de 2005, poco después de las 20:00 horas, la acusada entró en la vivienda de la víctima, sita en Buenavista del Norte, y cuando el anciano se encontraba en la cama tendido, con ánimo de causarle la muerte, presuntamente, lo atacó de forma reiterada con varios objetos, entre los que se encontraban un cuchillo de cocina y otro de mayores dimensiones; un destornillador; un cascanueces metálico y el andador del anciano, hiriéndolo y golpeándolo con los mismos, sin que la víctima pudiera defenderse dada la desproporción de fuerzas que su edad y limitaciones físicas determinaban.
Renata, según el fiscal, golpeó a su vecino reiteradamente en la cabeza y cara, lo hirió en el cuello y en la boca con uno de los objetos punzantes, así como en el cuello, torso, brazos y piernas, produciéndole múltiples contusiones, al menos 18 en la cabeza, hematomas en ambos ojos, contusiones y erosiones en la zona nasal, así como una herida incisa en la boca que llegó a seccionar estructuras basculares de la base de la lengua, que determinaron fracturas de los huesos de la nariz y del tabique nasal, fractura maxilar, así como un traumatismo cráneo-facial severo por las múltiples heridas en cabeza y cara y un corte en la lengua que dieron lugar a una importante hemorragia. Como consecuencia de esto, la sangre deglutida por la víctima cesó hacia el estómago pasando a su sistema respiratorio, produciéndose una asfixia mecánica que determinó su fallecimiento entre media y dos horas después de producirse el ataque.
Renata declaró ayer ante la sala que conocía a la víctima porque eran vecinos y porque éste le había puesto varias denuncias, ya que le molestaban los ladridos de los cuatro perros que ésta tenía. Por ello, cuatro meses antes de los hechos, la acusada decidió alejarse de tantos problemas con su vecino y se marchó al lado de su compañero sentimental, que reside en Alemania, dejando el cuidado de la casa y de sus perros a un amigo.
Trastornos de personalidad
Al cabo de un tiempo, Renata recibió una llamada de su amigo en la que le manifestaba que uno de sus perros había aparecido muerto en el jardín de la casa, algo que le provocó una crisis de ansiedad y un estado psicótico depresivo, con tendencia al suicidio, por lo que tuvo que ser ingresada en un hospital psiquiátrico. No habían transcurrido diez días cuando recibió otra llamada de su amigo, quien le decía que estaba sucediendo algo raro, puesto que otros dos perros habían desaparecido del jardín. Por todo ello, la acusada decidió regresar a Tenerife y, desde el día 1 de septiembre de 2005, comenzó una incesante búsqueda de sus perros. Dicha búsqueda agudizó aún más sus problemas de adicción al alcohol y sus trastornos de personalidad.
El día de los hechos, Renata y su amigo bebieron durante todo el día y hablaban siempre de la desaparición de sus perros y de quién podría haber sido. Esa misma noche, después de que su amigo la dejara en su casa, sintió los ladridos de uno de sus perros, pero no lo vio en el jardín, hasta que se cercioró de que el animal se encontraba en el jardín de su vecino.
Por ello, según el testimonio de la acusada, escaló un muro de dos metros con la ayuda de una escalera de metal, pudiendo recuperar a su perro, momento en el cual, inesperadamente, apareció un hombre vestido de negro, le tapó la boca y le comenzó a golpear brutalmente diciendo en alemán: "Yo necesito tu sangre. Contigo se acabó. Yo me quedo con la casa y con todo". Tras los golpes y el forcejeo, la mujer perdió el conocimiento.
Asimismo, Renata dijo que cuando recuperó la consciencia se trasladó hasta el cuartel de la Guardia Civil para denunciar lo sucedido, pero, finalmente, no lo pudo hacer porque a esas horas de la noche no había ningún agente. La mujer fue detenida al día siguiente en su domicilio y, según su declaración, se enteró de la muerte de su vecino a través de la médico forense que la atendió, quien también le manifestó que era la sospechosa del asesinato.
"Yo no he matado a nadie. Estaba muy borracha pero no soy capaz de hacer eso. Mientras que yo estoy en la cárcel, el autor de los hechos está en la calle. No entiendo quién me está haciendo todo esto", declaró ayer.
Finalmente, la acusada, quien se mostró en algunos momentos muy afectada, dijo que desde que está en prisión ha recibido amenazas.
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