1.- Ella leía cada día esta crónica. Había sido una institución en el Puerto de la Cruz. Si hubiera que definirla, de destacar una cualidad que la adornara, yo diría que la del entusiasmo que ponía por todo. Era esencialmente buena; hasta cuando le salía el genio. Artista de la peluquería, mujer con buen gusto, exquisita en el trato. Había superado los 80 años y un día del mes pasado, Marina decidió marcharse. Estaba cansada, pero había vivido la vida con una sonrisa, haciendo feliz a los demás, asombrándose por todo y por nada, creyendo en todo el mundo, cuidando a su marido, más enfermo que ella y que, sin embargo, le ha sobrevivido. Marina Acosta y Nicolás Rodríguez formaban una pareja extraña, pero unida. Una vez se juntaron y nunca más se alejó el uno de la otra. Y así, tantos años. A mí me dan mucha pena las notas necrológicas y jamás las meto en esta sección, que procura ser alegre. Pero es que ella se fue en paz con todo el mundo y esto es estupendo.
2.- Sus sobrinas son amigas mías de juventud: Mara y Pili Martínez y Rosi Vicente . En realidad, fueron sus hijas adoptivas. Ellas -y yo- tenemos que luchar ahora para que el Puerto de la Cruz dedique una calle a la mujer que colaboró, muy activamente, al desarrollo de la ciudad. Desde su participación en todos los actos festivos y de promoción hasta su concepción modélica de la hospitalidad con la extraña gente que nos visitaba, allá en los comienzos de la nueva era turística. Fue lo que se dice una pionera, ya no sólo en su profesión sino en las relaciones públicas, en el trato con el visitante.
3.- Con ella se va una generación de portuenses con gran sentido del deber, capacidad de trabajo y entrega a su pueblo. El Puerto de Marina era el de los tejados que relucían a mediodía, nadie en la calle, los primeros turistas que dejaban las primeras libras y los primeros marcos y el desarrollo impresionante de finales de los 50. El Puerto construyó una isla nueva y personas como Marina Acosta, a quien hoy rindo tributo aquí, colaboraron muchísimo en la ingente tarea del progreso. Tanta gente merece un reconocimiento que aún no ha llegado; pero ella también y yo así lo pido a mi pueblo, al que en tantas ocasiones le flaquea la memoria.
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