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ARSENIO DOMÍNGUEZ NARRA EL AYER DEL PUERTO DE LA CRUZ, QUE "FUE UN PUERTO DE PESCADORES"

Tenerife, pueblo a pueblo: nuestra gente (XIX)

14/may/07 02:15
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PUERTO DE LA CRUZ, un puerto pesquero y un histórico centro vacacional para aquellos europeos que buscaban un lugar donde hallar descanso y placer. El turismo portuense nace hace más de un siglo, gracias a la variedad de hoteles esparcidos por todo el Puerto.

Lo que para unos fue lo descrito en el párrafo anterior, es decir lugar de placer, para otros fue el lugar en el que nacieron y soportaron muchas calamidades y penurias, como las sufridas por Arsenio Domínguez, que es nuestra fuente oral de hoy en "EL DÍA de ayer".

Arsenio nació en el Puerto de la Cruz, justamente en la carretera del Botánico en un lugar llamado El Sitio del Pardo el 20 de Junio de 1941, años después de la tan aborrecida Guerra Civil, "que tantas desgracias nos trajo a los españoles". Ignacio y Candelaria tuvieron a Arsenio, el último de sus seis hijos. Ignacio era agricultor, "trabajaba para los señores Yoba en su finca", nos cuenta Arsenio. "Las plantaciones eran todas de platanera, excepto el maíz y la batata, que se plantaban en la costa". Ignacio, gracias a su trabajo, pudo construir una casita para vivir con sus seis hijos. "Esa casa puede tener hoy 72 años" nos asegura.

La gente rica

Debido a la carestía económica de aquella época, tanto Arsenio como sus otros cinco hermanos no pudieron estudiar. Las tres hermanas, que en relación de edad eran las mayores de la familia, trabajaban limpiando en las casas de la gente rica. "Yo empecé a trabajar en una de esas casas recomendado por mi hermana, que trabajaba en la cocina. Con 12 años estaba poniéndole el veneno a las plantas para que las hormigas no se las comieran. Cogíamos unos tres centímetros de hoja y la poníamos en el mismo tronco con tres gotas de veneno, aquello era un manjar para las hormigas, pero era tan fuerte que morían en el acto. Me pagaban 30 pesetas a la semana", apunta.

"El Puerto de mi infancia era un barrio de pescadores muy pobre. Todo lo que comíamos era importado de Argentina. Nos mandaban el millo y estaba todo lleno de gorgojos. Había que cogerlo, lavarlo y ponerlo al sol y después se tostaba para llevarlo al molino", recuerda. "Te lo devolvían a los tres días. Había mucha gente que llevaba millo para moler. No te daban la cantidad de grano que tú habías llevado. El gofio que te daban era lo que te tocaba por el racionamiento según las personas que había en tu casa".

Hasta el pan estaba racionado y "se formaban largas colas para recoger el pan. A veces estabas toda la mañana en cola y cuando llegabas, el ventero te decía que ya no había pan aunque tuvieses cupones de racionamiento". ¡Tiempos duros!

Hotel Bélgica

Cuando cumplió los 14 años su hermano tenía que hacer el servicio militar. En aquella época te reservaban el puesto de trabajo hasta que terminaras tu servicio, mientras podía trabajar algún hermano sustituyéndote en tu puesto. Arsenio trabajó durante dos años de peón de albañil cubriendo el cargo de su hermano. "Trabajé para Manuel Báez Barreto, un contratista que hizo la mayoría de hoteles que hay en El Puerto. Recuerdo construir el hotel Bélgica, el Oro Negro y el Monopol", nos comenta. Pero cuando su hermano terminó el servicio militar tuvo que iniciar nuevamente la búsqueda de otro trabajo. Esta vez le ayudó su madre. Ella era caladora y limpiaba en la casa de Domingo Hernández Hernández, era uno de los socios de Transportes Tenerife. "Mi primer trabajo allí consistió en limpiar la grasa de las guaguas. Pero pronto tuve que ir al cuartel", donde pudo sacarse el carnet de conducir. Cuando regresó a su puesto de trabajo, en 1964, lo hizo de chofer de las Guaguas Rojas, y "ya cobraba 2.200 pesetas". Cuatro años después pidió una excedencia y decidió trabajar de taxista, pero sólo ganaba el 30% del bruto que conseguía, "era prácticamente un robo", nos afirma. En estas idas y venidas le ofrecieron trabajar en una agencia de viajes, siendo el chofer de las guaguas turísticas. "De tanto estar con los extranjeros se me pegaron unas cuantas palabras y acabé siendo chofer y guía. Los llevaba a Marrakesh, Aium, Lanzarote, Fuerteventura, La Palma, Las Palmas, pero sobre todo a Casa Blanca", recuerda. "Pero en esos países un guía ya no pintaba nada, desde que pisabas el aeropuerto enseguida tenías el guía oficial de la ciudad y el guía como yo se quedaba de turista. Hice mucho turismo", aclara orgulloso.

Entre viaje y viaje, Arsenio se despide con su viaje de recuerdo de "EL DÍA de ayer" del Puerto de la Cruz, pero el Puerto aún no se despide, porque el próximo lunes llegará hasta nuestra página Sara Cabrera, la artesana del barro. Quedamos en vernos el próximo lunes. Les esperamos. FUENTE: ANSINA.

domingo.jorge@canaryinfoweb.com

 

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