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MARÍA DEL PINO FUENTES DE ARMAS *

Magos, romeros y asimilados

14/may/07 02:14
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Mago se llama en Canarias al hombre del campo, ese que con mano curtida, áspera, te enseña su sonrisa de medio lado, con la reserva propia de su carácter, mientras te mira a los ojos. En el universo de sus pupilas ha pasado noches y amaneceres buscando el cuerno de la luna, su forma de presentir el parto de las cabras y vacas. Sus días están llenos de sol, lluvia y dolor, pues la dureza de arañar la tierra se siente en la espalda, brazos y rodillas. Su garganta tiene el eco de los quejidos bajo la carga del haz de hierba, del saco de "quintal" con papas, es la misma que ahoga miserias bajo un buen vaso de vino, lo paladea, le humedece las entrañas que suelen resquebrajarse de pobreza. Ser un mago del campo es casi sinónimo de una vida con estrecheces, aunque jamás falte el plato de potaje, la pelota de gofio, el conejo en salmorejo y el caldo en los días de fiesta, su economía suele ser precaria y sus ratos de asueto pasan mientras mira el horizonte, cuenta las estaciones y espera las fiestas mayores del pueblo.

El mago es romero. Le gusta llevar a los pies del Santo Patrón su mejor yunta de vacas, la cabra de ubre más hermosa y la cesta con una muestra de los mayores frutos de la cosecha. Es una forma de hacerse notar, de sentirse importante, admirado, además de rendir pleitesía al protector de los campos y de sus vidas. Este romero guarda un protocolo. La ropa limpia, de domingo, el zapato lustroso, el sombrero atildado, una botella o bota con el mejor vino, por si se tercia brindar a un amigo, y la sonrisa en el rostro afeitado dispuesta a buscar los ojos de sus iguales. Es un hombre sencillo que se descubre ante la imagen bendita, que no va en busca de pelea y que si se bebe un vaso de vino de más la duerme en una cuneta del camino.

Los asimilados son los nuevos romeros, los magos por un día, los que ridiculizan las tradiciones y van minando nuestro acervo cultural. La lástima es que están amparados por dirigentes políticos que en lugar de solucionar los problemas vecinales le dan al pueblo fiesta, vamos, aquello de pan y toros adaptado a estos tiempos. Lo único que importa es masificar las romerías y convertirlas en un acto de carnaval, olvidando el sentido religioso de las primeras frente al triunfo del desenfreno y del absurdo propio de la raíz pagana del segundo. El éxito estriba en afirmar en los medios de comunicación que asistieron tantas miles de personas a disfrutar de la romería. No señor, diga Vd. que vinieron a hacer una barbacoa con brasero y sillas plegables, a destrozar jardines, a orinar en los portales, a robar en las huertas, a tirar basura por doquier, a hacer botellón por los caminos y calles, a drogarse, a buscar pelea, a vomitar en las aceras, a empujar a niños y mayores, a aparcar en los vados, a burlarse, en resumen, de las tradiciones de un pueblo.

Estos asimilados se visten de cualquier manera para entrar en el desfile romero: sin sombrero, con tenis, fajines mal puestos, sin pañuelos, remangos amarrados de mala manera, pasados de todo, con gafas de sol, y desfilan? y lo hacen ante un alcalde que da la vara de romero, que hace las funciones del bastón de mando, a su mujer, ¡como debe de ser!, permitiendo que esta se sitúe entre él y el presidente de Cabildo, ¡pues siempre ha habido autoridades!, de manera que para cualquier espectador con un atisbo de sentido común no pasará desapercibido que es la alcaldesa consorte la que preside el festejo. Debe de ser que su cultura en protocolo es tan limitada que desconoce el papel de una primera dama: el ejercer de anfitriona y agasajar a sus invitados.

El pobre mago y romero que va a ver a su Santo, a pagar una promesa, con la camisa de domingo y las lonas limpias, se encuentra con vallas y policía, con orines, restos de vómitos, latas, vasos, papeles, empujones, gente maleducada, parrandas que cantan sin tino y un tufo a grifa que adormece hasta al ganado. Él no entiende qué ha pasado en pocos años con su fiesta, justo después de que se hiciera cargo de ella el alcalde, el mismo que habla de las miles de personas que vinieron a la romería, para él esa es la clave de su buena gestión. Eso sí, al primer edil de este pueblo le faltó decir que la mayoría de esos miles eran asimilados, gente que mañana no sabrá si estuvo en una fiesta tradicional o en un sábado de carnaval. Espero que el aturdimiento no les lleve a pensar, también, que el alcalde de este hermoso lugar se disfrace de mujer para presidir la fiesta. ¡Es lo que nos faltaba!

* Titulada superior universitaria en Relaciones Institucionales y

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