R. SÁNCHEZ, S/C de Tenerife
El discurso de Ricardo Melchior Navarro como candidato de Coalición Canaria a la Presidencia del Cabildo de Tenerife carga con el peso pesado de ocho años de gestión. Palabras y palabras hilvanadas sin descanso que demuestran que el actual presidente insular tiene demasiada información en la cabeza. Un exceso de obras y proyectos que no puede meter en el corral de una entrevista. Por eso se muestra relajado e insaciable en las respuestas; por eso consume una hora de diálogo con sólo trece preguntas. Numerosos asuntos de interés se quedan fuera por falta de tiempo y espacio, pero ése es el precio de tener al habla a Ricardo "sin fin" Melchior. Un presidente metido a candidato con tantas cosas que explicar que antes de empezar ya sabe que no le dará tiempo. Palabra de Melchior sometida a la dictadura del reloj.
Su discurso no tiene la frescura de los diálogos con los aspirantes, cuyo compromiso es sólo con el mañana. Él no puede sacarse el traje de presidente ni renunciar al ayer ni al hoy. Debe combinar las propuestas de futuro con el balance de gestión de todas las áreas insulares, una tarea complicada y extensa que termina siempre pospuesta para futuras entrevistas.
Melchior llegó temprano a la entrevista multimedia del Grupo EL DÍA y reconoció que "poco a poco va cogiendo la velocidad de crucero de la campaña electoral". A su juicio, lo más tedioso es la precampaña, una época en la que se debe combinar, con fronteras difusas, el trabajo de gobierno con una campaña de promoción política que lo va inundando todo.
Acompañado sólo por el responsable de su gabinete de prensa, José Antonio Pérez, Melchior se sentó en el plató del Club La Prensa y lo primero que preguntó, antes de empezar, fue cuánto iba a durar el diálogo. "Alrededor de una hora" fue la respuesta. "No me va a dar tiempo ni de contar la mitad" fue, quizás, el pensamiento del candidato de CC a la Presidencia insular.
Melchior se mostró tranquilo, sosegado y sin perder la sonrisa, ni siquiera ante las preguntas menos agradables para sus oídos. El rictus de la seriedad afloró cuando le tocó responder sobre la polémica de la restauración de la catedral de La Laguna, un asunto que le tiene "indignado". Y eso se nota.
Fuera de cámara y micrófono, el presidente insular bromeó y cambió impresiones. Sobre la suspensión por parte de la Junta Electoral de los viajes en tranvía, criticó que "aquí no se dejen hacer cosas que en Madrid sí se permiten". En confianza, dejó claro que no disfruta mucho de la época electoral y deslizó una confesión: "Espero que sea la última campaña". Consciente de que terminaba la entrevista con mucho asunto pendiente, Melchior intentó forzar la prórroga en la despedida: "Cuando quieran me pueden invitar otra vez".
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