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Sin "Piedad"

En un día radiante, a Soledad se le eclipsó definitivamente la vida tras pasar las últimas horas con "Piedad" en la, qué paradoja, clínica Vida. Tras recibir el alta, la Dirección del Menor se llevó a la niña en cumplimiento de la sentencia.
11/may/07 02:22
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ÁLVARO MORALES, Pto. Cruz

A 33 grados, con un calor sofocante, mucha gente con destino a la playa y un sol de justicia o injusticia, a Soledad Perera se le oscureció ayer la vida de forma definitiva. Y le ocurrió, para mayor paradoja del destino, exista o no, dentro de la clínica Vida, antes conocida como San Miguel y ubicada al final de una de las urbanizaciones de esta zona orotavense. Ante un gran despliegue policial y, sobre todo, de la Guardia Civil, la madre adoptiva de "Piedad" pasó sus últimas horas junto a la niña más conocida de Tenerife, aunque no sea por su nombre propio. Lo hizo justo antes de que, tras recibir el alta por sus ataques epilépticos después de saber que se tendría que separar de su actual familia "por unos días", fuera trasladada por la Dirección del Menor a un centro cuyo nombre no ha transcendido en cumplimiento de la sentencia de la Audiencia Provincial de Las Palmas.

La expectación mediática fue creciendo durante la mañana en las afueras de la clínica, de difícil acceso para los profanos en geografía villera. Soledad se mantenía en la habitación en la que permanecía su hija adoptiva. Sobre la una de la tarde, la Dirección del Menor repartió las diligencias previas por las que el juzgado número 3 de La Orotava le solicitaba a este departamento autonómico que se desplazara hasta el centro sanitario para recoger a la menor.

"Se ruega -señalaba el texto de la sala- que la recogida se lleve a cabo de modo pacífico y evitando todo riesgo para la menor, siendo conveniente que intervenga un miembro femenino de la Dirección General. Deberán adoptarse las medidas necesarias para evitar que los medios de comunicación tomen imágenes de la niña. Se ruega que se efectúe reconocimiento médico de la menor y, en caso de ser necesario, se le ofrezca asistencia sanitaria o psicológica. Sobre el centro donde quedará, se estará a lo que disponga la sección 3ª de la Audiencia de las Palmas".

La Dirección General desplazó a un jefe, una médico y una psicóloga. Sobre la una y media, y junto a una enfermera, Soledad salía de la clínica más destrozada que nunca, si cabe, sin ganas de hablar, aunque con fuerzas suficientes para censurar al abogado del Gobierno que la denunció. "Que se dediquen a coger terroristas y no hagan esto", espetó. Llorando, con sus ya características gafas negras, Soledad pidió que no le preguntaran más y siguió sola, más sola que nunca, calle abajo. Nunca un nombre propio fue más apropiado.

Al poco, por una puerta trasera, sin recurrir a la anunciada ambulancia, en un coche "normal" y esquivando magistralmente a los medios, se llevaron a "Piedad".

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