EL CATEDRÁTICO de Pediatría y médico en ejercicio Eduardo Doménech ha ganado las elecciones a rector de la Universidad de La Laguna (ULL) tras una votación donde destacaron la baja participación y la gran diferencia del vencedor con su único rival, el rector saliente Ángel Gutiérrez, que sólo obtuvo menos de una cuarta parte de votos que Doménech. Ni conocemos la ideología del nuevo responsable del centro de educación superior ni nos importa, sólo pensamos en el futuro de la Universidad, en la necesidad urgente de sacarla del pozo donde la han dejado los últimos rectores, concretamente todos los que sucedieron a Marisa Tejedor. Porque, cada uno a su manera, han dejado que se fuera deteriorando físicamente la primera y muy prestigiosa universidad de Canarias, con más de dos siglos de antigüedad, que el nivel docente fuese descendiendo y que el desencanto de profesores y alumnos aumentara curso a curso.
A decir verdad, en este proceso de degradación han tenido no poco que ver los sucesivos consejeros y viceconsejeros de Educación del Gobierno de Canarias, todos canariones, que, junto con algunos directores generales de Universidades, han ido arrimando el ascua a la sardina de la Universidad de Las Palmas, impidiendo a La Laguna mantener un nivel de financiación adecuado a sus necesidades y a su proyección de futuro. Esta situación ha llegado a su punto culminante durante el mandato del rector saliente, Ángel Gutiérrez, que se las ha tenido que ver con Isaac Godoy, el cual ha impedido hasta la fecha la firma del contrato programa entre el Gobierno y la ULL, una situación insólita de enfrentamiento del poder político con la primera universidad de Canarias. Pero, a juzgar por los pobres resultados cosechados por el rector, habrá que deducir que profesores y alumnado también han querido castigarle a este último en las urnas. Al fin y al cabo, Gutiérrez no ha sido capaz de sacar a la Universidad del marasmo; ni siquiera parece preocuparle mucho el prestigio de la misma, a tenor de como ignora los méritos de sus alumnos más sobresalientes.
Por consiguiente, no se puede decir que la ULL pierda con el cambio de rector, aunque habrá que esperar a ver si Doménech es capaz de cumplir su programa de gobierno. Para ello, nada sería mejor que la caída también del consejero de Educación del Gobierno canario, si no antes de las elecciones, al menos después. Así se despejaría de enemigos el camino para reconducir a la ULL y llevarla con un rumbo más racional que el actual.
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