EN LOS MERCADOS de valores se produce de tarde en tarde algún tsunami financiero, con terribles destrozos en las cotizaciones, y ello parece lógico dada la naturaleza especulativa de la renta variable, orientada frecuentemente por asesoramientos virtuales, pero los órganos reguladores de esos mercados no suelen verse afectados por esas conmociones terráqueas, pues su misión consiste en poner orden en el zoco, aplicando sus reglas, y no contribuir al desorden. Ha sorprendido así que en la CNMV haya aparecido inopinadamente, o no tan inopinadamente, el "tsunami Conthe", presidente de la entidad hasta hace no más de cinco días, inundando las playas desprevenidas del PSOE y del Gobierno y situando al candidato socialista a la alcaldía de Madrid en un situación incómoda y desairada.
Manuel Conthe es hombre de probada capacidad para desempeñar altos cargos en el mundo de la economía, pero unas discrepancias entre él y los consejeros de la CNMV, que se negaron a penalizar el acuerdo Acciona/Enel para adquirir Endesa, debieron desencantar al presidente y remover esa bolsa de supuestos agravios anteriores que todo hombre lleva dentro. Y condicionó su dimisión a que ésta alcanzase una visibilidad mediática de gran acontecimiento. Insatisfecho, sin embargo, porque la visibilidad no le pareció rentable, utilizó el lunes pasado la toma de posesión de su sucesor, Julio Segura, para esparcir entre la prensa ciertas acusaciones contra el vicepresidente de la CNMV, Carlos Arenillas, en quien Segura tiene absoluta confianza, y la Oficina Económica de La Moncloa, de la que habría salido un informe sobre la venta de FG Valores, controlada por Francisco González, a Merrill Lynch. Arenilla, según Conthe, habría actuado como "correa de transmisión" de la Oficina Económica, dirigida entonces, enero del 2005, por Miguel Sebastián, quien va a iniciar la dificilísima tarea de desbancar a Ruiz-Gallardón de la alcaldía de Madrid.
Un expediente contra Francisco González, presidente del BBVA, hubiera alegrado a los señores de Neguri, la aristocracia del mundo financiero y empresarial del País Vasco, y a los que la presencia de un advenedizo al frente de la fusión de los bancos de Bilbao y Vizcaya, quienes absorbieron Argentaria, había de desagradarles de modo muy discreto y notable. Pero también hubieran agradado las dificultades de González, por supuestas irregularidades en su venta a Merrill Lynch, a quienes deseaban que pudiera deshacerse el asalto de Gónzalez al BBVA con las bendiciones y el sostenido aliento de Aznar y su equipo de estrategias empresariales. Pero Conthe dio pronto carpetazo al asunto, sin denunciar lo que dos y medio ha denunciado, las interferencias de La Moncloa en el organismo que él presidía.
La alegría del PP se manifestaba ayer en la voz del ex ministro Arias Cañete, que presentó en los juzgados de la madrileña plaza de Castilla una denuncia contra Carlos Arenillas y Miguel Sebastián nada menos que por prevaricación, tráfico de influencias y denuncias falsas. El candidato socialista a alcalde negó ayer que hubiera elaborado el informe y lo hubiera distribuido, y como los asuntos a debatir sobre Madrid son acuciantes, se distancia de la estrategia de mentiras que urdía el PP cuarenta y ocho antes del inicio de la campaña electoral. Pero el PSOE y el Gobierno han acusado el tsunami Conthe, un acusador al que sólo le reduce su credibilidad el largo retraso en sus acusaciones y un cierto afán de venganzas varias, sobre todo por la inoportunidad con que pretende ejecutarlas. En la toma de posesión de su sucesor, por ejemplo.
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