EL 25 DE MARZO DE 1957 seis Estados firmaron en Roma los Tratados que dieron nacimiento a la Comunidad Económica Europea y a la Comunidad Europea de la Energía Atómica. La República Federal de Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos fueron los signatarios de aquellos Tratados precedidos, seis años antes, por el de París, que creaba la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. La Europa de los seis se ha convertido, el pasado 1 de enero, en la de los veintiséis tras las sucesivas ampliaciones de 1973 (Dinamarca, Irlanda, Reino Unido), 1981 (Grecia), 1986 (España, Portugal), 1995 (Austria, Finlandia, Suecia), 2004 (República Checa, Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia), y 2007 (Bulgaria y Rumanía, finalmente).
En paralelo, la UE ha sufrido revisiones que constituyen verdaderas reformas de los Tratados Fundacionales, desde el Acta Única Europea de 1987 a través de los Tratados de la Unión Europea o de Maastrich (1992), Amsterdam (1997) y Niza (2000), hasta el gran "impasse" del Tratado Constitucional tras el rechazo vía referéndum de Francia y Holanda. Pero éste es un proceso imparable e irreversible que proseguirá, sin duda, hasta llegar la UE ¿a 43?
La primera vez que oí hablar en serio del Mercado Común fue en Montpellier en 1968, donde realicé un "Máster" en planificación económica y desarrollo rural. Llegué a la conclusión de que España terminaría entrando en ese Club de futuro y Canarias con ella. Después, en el bienio 1973-74, confirmé en Nápoles mi idea originaria con la fortuna de hallarme en un Centro de Especialización en Economía Agraria en el que la mayoría de sus profesores eran expertos en la materia. No es casualidad, así, el que me encuentre entre los pioneros españoles -y por ende canarios- en abordar la compleja problemática de la UE, y más específicamente de la Política Agraria Común (PAC) que venía siendo uno de sus pilares fundamentales desde 1962; no en vano se le dedicaban los dos tercios del presupuesto comunitario, participación reducida hoy al 40%.
Entre los primeros trabajos publicados al respecto, es amplia la lista de los debidos a un magnífico equipo que logramos conformar en el Departamento de Economía y Sociología Agrarias del Centro en Canarias del INIA. Varios de sus miembros han proseguido a lo largo del tiempo en distintas etapas con el asunto; por citar algunos, Felipe Pérez Moreno, Gerardo García Domínguez, Antonio González de Chávez, Ana Aldanondo y José Ángel Gil Jurado.
Por mi parte y tras más de diez años dedicado a la investigación y a la docencia universitaria, pasé a lo concreto gracias al segundo consejero de Agricultura del Gobierno autónomo, José Manuel Hernández Abreu. Le pedí antes que nada hacer un "stage" en la Comisión Europea, coincidiendo en el último trimestre de 1985 con dos puntales isleños: José Lucas Martín y José Sánchez Ruano. Y descubrí que los catalanes -siempre un paso por delante- estaban ya muy introducidos en las distintas instituciones comunitarias, además de contar la Generalitat con una oficina a través del patronato Pro-Europa. Luego debía valer la pena la inversión. Así se lo transmití a Hernández Abreu quien, seguro, debió convencer a instancias superiores -¿Jerónimo Saavedra?- sobre la necesidad de una permanente presencia canaria en Bruselas.
La verdad es que no recuerdo si a nosotros dos se nos ponían al teléfono, pero no se me olvidan las visitas al Palacio de la Trinidad para entrevistarnos con Fernando Mansito, brazo derecho de Manuel Marín cuando el actual presidente del Congreso era secretario de Estado para la UE; y es que Mansito fue el encargado del tema canario en las negociaciones de la adhesión española y luego, ya como director adjunto de Agricultura en la Comisión, quien siempre defendió los intereses de las islas como el cambio de opción de integración, siendo también uno de los padres de la idea de ultraperificidad. Y cómo se nos abrían las puertas del Ministerio de Agricultura (MAPA) a todos los niveles. O las reuniones con miembros de la Representación Permanente de España ante la UE, como Javier Matut, portavoz español en el Comité Especial Agricultura y Eduardo Díaz Patier, portavoz adjunto. Ni, por último, los pasillos que hacíamos en la planta 16 del antiguo edificio del Consejo, cuando se celebraban los de Agricultura. Y a nivel anecdótico, cómo conseguí que Carlos Romero, ministro del ramo con Felipe González, tras la sesión de finales de diciembre de 1985, que cerró definitivamente la "cuestión canaria", abandonase su habitación en el Hotel Europa para sumarse a la fiesta española que celebramos los más de 400 connacionales que por allá pululábamos.
Hay muchos nombres que añadir en esta estrecha relación Canarias-UE que ha cumplido 30 años. Entre otros los de Manuel Medina Ortega, desde el principio hasta nuestros días; Francesc Granell, Musto y Payno, estudiosos del tema; Tomás García Azcárate, miembro del "Think Tank", que trabajaba en eso de la prospectiva; los malogrados Paco Botella, Antonio Herrero Alcón y Ramón Vázquez Hombrados; Jordi Carbonell, Pepe Barreiro, Daniel Trueba, Alfonso Anaya y tantos más, altos funcionarios del MAPA; Ricardo Díez-Hochleitner, en su etapa en la Secretaría de Estado; José Segura Clavell, artífice del "Non paper", que logró la aprobación del Parlamento Canario en 1989 para la modificación del estatus definido en el Protocolo 2 hacia una mayor integración, incluida la aplicación de la PAC; Antonio Castro Cordobés, que continuó con la máxima brillantez la tarea iniciada por Hernández Abreu... Pero todo ello es otra historia, amén de pasado. Ya lo contaré en su día.
* Ingeniero agrónomo
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. Avda. Buenos Aires 71, S/C de Tenerife. CIF: A38017844.