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CIPRIANO GONZÁLEZ, TODA UNA VIDA DE TRABAJO DESDE LA OROTAVA

Tenerife, pueblo a pueblo: nuestra gente (XVII)

Por Domingo J. Jorge
30/abr/07 07:07
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El Valle de La Orotava y su gente mantienen aún ese halo de vuelta atrás, huellas de aquella sana villa del pasado por la que al pasear por sus calles parece que el tiempo se ha detenido. Y de tiempo y de cómo era antes la vida en este municipio nos habla hoy nuestro informante, Cipriano González, un orotavense que nos asegura que "aquí en mi pueblo, La Orotava, la gente siempre ha sido sencilla y amiga de lo nuestro".

Sí, en esta ocasión "EL DÍA de ayer" ha realizado su parada de dos semanas en La Orotava, específicamente en La Perdoma, justamente en la calle Camino del Pino, donde El Teide vigila al fondo a su valle. Cipriano González Lorenzo nace el 25 de mayo de 1936 en la "Casa de Las Nieves", al lado de la ubicación actual del campo de fútbol de La Perdoma. Sus padres, Manuel y Florencia, se dedicaban a la limpia de galerías y pozos.

Él, desde muy niño, con nueve años, tiene que empezar a trabajar. El esfuerzo realizado por Cipriano de ir hasta la cumbre y buscar leña, preparar huertas y cargar la zorriba, hacía que al volver fuera descalzo por la carretera vieja para ahorrar la suela. Con 15 años tuvo que ser operado de la espina dorsal en el antiguo Hospital Civil de Santa Cruz, al otro lado del barranco Santos, en El Cabo, junto al Charco La Casona, como él mismo nos recuerda. "Me operó un cirujano de los mejores de aquella época -estamos hablando de los años cincuenta-, don Miguel López". A los tres años de su operación Cipriano vuelve a trabajar y ahora lo hace dedicado a la venta de golosinas para los más pequeños de La Perdoma. "Llevaba dos ruedas y dos palos, y ese era mi carrito. Ahí ponía los caramelos que iba a comprar a Santa Cruz a la fábrica Toti. A los niños les hacía mucha ilusión. Yo me ponía en la plaza de La Perdoma, la única que había. El caramelo costaba una perra y los niños se ponían morados", nos cuenta Cipriano con esa nostalgia del paso del tiempo.

Posteriormente, a los 20 años tiene que ponerse a trabajar en una platanera, raspando y haciendo huecos para meter el estiércol. "Primero traíamos la arena para las obras y después trabajábamos en la platanera y ganaba 18 duros, pero eso era porque traíamos la arena del barranco Siete Ojos, que está al lado de donde hoy se encuentra el Hiperdino", nos relata. A los 21 años Cipriano se va a hacer la mili a La Orotava, el capitán Becerra los instruía y acaba en el batallón de La Esperanza.

Guagua sin frenos

Después de la milicia Cipriano decide sacarse el carnet especial para las guaguas y trabajar en las guaguas del norte, las célebres guaguas rojas. Allí empieza de chófer. Su trayecto era de La Orotava a Santa Cruz. Salía de La Orotava y pasaba "pueblo a pueblo" por la carretera vieja recogiendo a todos los trabajadores de Santa Cruz. Sólo hacían dos viajes, el de por la mañana y el de por la noche. "En la guagua había un cobrador y un revisor. El ticket salía nueve pesetas y empezaba la ruta a las 5:30 de la mañana. Íbamos cargados de gente, incluso se ponían en la parte de arriba y en la parte de atrás", nos cuenta sonriendo. "8.000 pesetas cobrábamos y hacíamos más horas para llegar a las 12.000 pesetas. Trabajábamos detrás del volante unas 12 horas sin descanso. Cuando yo llegaba a La Perdoma no veía ni a los niños porque estaban durmiendo y no los quería despertar".

En todo trabajo hay momentos de apuro y el de chófer no iba a ser menos. "Una vez con la guagua bajábamos de las fiestas de Icod el Alto y nos quedamos sin frenos". Gracias a sus reflejos, Cipriano hizo chocar el vehículo contra una pared, "porque enseguida nos encontramos con la curva de Tagaiga y el barranco". Evitó una gran catástrofe para las más de 80 personas que llevaba.

A los 46 años Cipriano se jubila, le dan la invalidez debido a su problema de espalda y no pudo volver a trabajar nunca más, pero hoy en día sus cinco nietos son su alegría y hace que siga teniendo fuerzas para seguir la vida.

"EL DÍA de ayer" ha llegado a su fin, pero sólo por hoy. El próximo lunes continuaremos en La Orotava, con Antonio Hernández, uno de aquellos bomberos del Valle. FUENTE: ANSINA

domingo.jorge@canaryinfoweb.com

 

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