LA MASIVA AFLUENCIA de votantes en las elecciones francesas debería provocar una reflexión en toda España. A los ciudadanos les sigue interesando la política, sobre todo cuando los mensajes son claros conceptual y terminológicamente. Lo hemos visto también en nuestro país recientemente con el innegable éxito del programa de televisión española "100 preguntas para Vd".
Si tenemos en cuenta que, según los sociólogos, un veinte por ciento es abstención técnica, hay que convenir que en Francia se ha puesto a la cola de los colegios electorales todo el mundo, incluido enfermos, ancianos, monjas de clausura, etc... ¡Qué envidia!
Cuando ya falta menos de un mes para que se abran en España los colegios electorales, el ejemplo de Francia no debe caer entre nosotros en saco roto. El impresionante nivel de participación del domingo pasado ha representado toda una lección de madurez democrática. Y quiere decir también que a los franceses no les gusta como está marchando su país, lo que implica la necesidad de unirse entre todos para encontrar una salida a la crisis.
Lo mismo ocurre en España. Millones de personas tienen ahora la oportunidad de cambiar el rumbo de su gobierno municipal o autonómico. A mayor afluencia de votantes, más posibilidad de cambio real si la sociedad verdaderamente lo demanda.
El sistema electoral francés tiene la particularidad de permitir a los ciudadanos expresarse con el corazón en la primera vuelta, aunque les obligue a hacerlo con la cabeza en la segunda. Bastante más de la mitad de los electores se ha centrado en los dos candidatos que pasan a la segunda vuelta, el liberal Nicolás Sarkozy y la socialista Ségoléne Royal. Sin embargo, la irrupción del centrista Francois Bayrou que, como su nombre indica, es puente, aunque no se sepa de que camino, obliga a ambos candidatos a abrirse de forma clara a eso que algunos denominan "centrismo político", un espacio donde navegan en todas las sociedades modernas los indecisos que dudan entre las clásicas alternativas de derecha e izquierda. En la segunda vuelta emitirán su voto definitivo.
A mi juicio el centrismo políticamente es una entelequia vacía de significado. En España el centro tuvo sentido para llevar a cabo la transición democrática, cuando existía temor ante los extremos políticos. Pero el centro es hoy la moderación. Y en la moderación, al margen del debate político, están desde hace años instalados tanto el Partido socialista como el Partido Popular. Como digo, en Francia ese centrismo solo representa la duda, la meditación, que en pocos días será resuelta por dicho electorado.
Pero volviendo a la participación electoral, la envidia que produce Francia se torna en tristeza y preocupación en ciudades como Santa Cruz. Los ciudadanos de Santa Cruz no llegan a ser ni la mitad de los que acuden a votar en el país vecino. Si las elecciones francesas, y la lección que representan, sirven al menos para motivar un siete por ciento más del electorado en nuestra ciudad, y que acuda a votar el próximo 27 de Mayo, habremos conseguido un logro importante. Tan importante que implicaría con toda seguridad el gran vuelco electoral que desesperadamente demanda ya Santa Cruz.
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