DESDE EL MIÉRCOLES circulaban en la red informaciones no oficiales según las cuales Irán y varias grandes potencias habían llegado a un principio de arreglo sobre el controvertido programa nuclear iraní y ayer en Ankara no fue del todo confirmado, pero sí sugerido: algo se mueve en la buena dirección.
Tras concluir en la ciudad turca dos largas sesiones de trabajo entre Ali Lariyani, jefe-negociador iraní, y Javier Solana, en nombre del Consejo de Seguridad más Alemania (los llamados "5+1"), las dos partes mencionaron concordancias considerables, una cierta visión unificada (lo dijo Lariyani) sobre el eje del problema: el proceso de enriquecimiento industrial de uranio.
Aunque no hubo precisiones técnicas es seguro que la aproximación manejó una de estas dos variables: a) moratoria (suspensión temporal); b) mantenimiento del enriquecimiento en un volumen poco más que simbólico. Ambas implicarían que no se exige el desmantelamiento del programa y que en tanto dure la nueva fase, las sanciones de la ONU serán congeladas.
La reactivación del programa o de las represalias económicas y políticas serían, pues, el arma que cada parte se reservaría en el marco de un calendario no precisado. No es difícil pensar que la parte iraní negociaría un calendario que cubriera claramente lo que le queda de presidencia a George Bush, el mejor modo de asegurarse de que no habrá un ataque aéreo norteamericano sobre sus instalaciones.
Si la proposición iraní es básicamente eso, una compra de tiempo, tendrá pocas posibilidades de que Washington lo acepte (Solana verá a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, la semana próxima), pero la moratoria doble y simultánea (congelación del programa y de las sanciones) tiene el mismo problema. Más al fondo hay que sopesar, además, la posibilidad, que ayer se insinuaba, de que el nuevo "approach" no guste en Washington, pero sí en otras latitudes.
El acuerdo con el doble calendario siempre ha sido una sugerencia del director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica, Mohamed al-Baradei, quien, discretamente, estaría tras las bambalinas pidiendo -y tal vez obteniendo- un gran papel para su organización, que intensificaría la inspección y el control del nuevo escenario bajo los criterios del Tratado de No Proliferación, firmado por Irán.
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