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Una reacción no esperada

26/abr/07 01:42
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TENGO QUE EMPEZAR aclarando que la reacción a que me refiero quien no la esperaba fui yo, confiado en lo que había visto, sentido y pensado, en Semanas Santas anteriores desde años atrás. Estaba casi convencido de que, por lo menos en Canarias, donde seguía existiendo una devoción tradicional, con asistencia masiva a todas las solemnidades religiosas, se produciría un abandono progresivo de esta costumbre, para convertirse, poco a poco, en unas simples vacaciones, como venía sucediendo desde años antes, cuando a la gente le dio por emigrar de las ciudades a las playas y a las zonas turísticas aquí en las Islas. Pero me llevé una agradable sorpresa cuando, mucho antes de las celebraciones tradicionales, en todos los medios informativos, en especial en la Prensa y la Televisión, comenzaron como a hacer campañas, tanto de las Semanas Santas más famosas como las de Andalucía, Castilla, Extremadura y todas esas regiones, hasta en lugares donde los cultos eran menos llamativos. En todos se promocionaban los programas, se emitían reportajes de los preparativos, de las imágenes de los templos, y la mayor parte de los espacios informativos estaba dedicada a la Semana Santa. En Canarias, a diferencia de otros años, se ponía más atención a la celebración de los actos religiosos, con reportajes gráficos que recogían la asistencia de grandes gentíos, tanto en La Laguna como en casi todos los pueblos de Tenerife y de Gran Canaria, en especial en La Orotava, Icod y Puerto de la Cruz, que celebraban brillantes y solemnes procesiones, muy concurridas.

No es que dejaran de venir familias a las costas y a los lugares turísticos, porque también llegaron muchos visitantes europeos, pero no fue el masivo traslado de otros años, en la misma isla de Tenerife se notaba la disminución de la circulación en las carreteras, menos en algunas como las de La Laguna y el Norte, en las que los vehículos llevaban personas que iban a cumplir promesas o, en general, para asistir a los cultos en Icod, La Orotava y otras localidades donde los actos religiosos son más relevantes. Las causas de este cambio que se hacía muy notable en otros años por estas fechas, y que se echaba de menos, lo achaqué a una reacción de la devoción del pueblo ante los cambios que el Gobierno de la Nación ha ido introduciendo en cuestiones que afectan al alejamiento de los fieles de sus arraigadas tradiciones religiosas, como abortos libres, divorcios rápidos, matrimonios entre homosexuales, tanto gays como lesbianas, cambios de nombres en los Registros Civiles a homosexuales o transexuales, a estas personas, y otras normas. El Ejecutivo, con lo que llama "Leyes progresistas" estaba dando lugar, insisto, a esa separación de los fieles de las costumbres tradicionalmente religiosas y el cambio en las que podíamos llamar "malas costumbres" fue la reacción sorprendente del pueblo que pudimos ver en la Semana Santa de 2007, reacción como ya dije que dejó agradablemente asombrados y sorprendidos a muchos creyentes.

Me recordó que tenía pendiente el comentario sobre el tema que trato en este ladrillo, el magnífico artículo que publicó en este diario el pasado lunes el colaborador y querido amigo Aguayo, quien lo titula "Creo, pero no tengo fe", y en el que comenta este interesante tea y hace unas reflexiones, no menos interesantes, que dan mucha luz a quienes no tienen claro lo que es creer, querer y tener fe en Jesucristo, que viene a ser lo mismo.

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