AGENCIAS, Moscú
El controvertido y polémico Boris Nikolayevich Yeltsin, el primer presidente electo de Rusia, falleció ayer en Moscú a los 76 años. Desde su precipitada dimisión como jefe del Estado, anunciada sorpresivamente en la noche de fin de año de 1999, Yeltsin se había mantenido totalmente apartado de la política y eran raras sus apariciones públicas. Tras ser operado, en 1996, de un puente coronario, su estado de salud había mejorado en los últimos años.
La muerte le sobrevino ayer a las 15:45 (tres horas menos en Canarias) en el Hospital Clínico Central de Moscú. Según Serguei Mironov, el médico del Kremlin, la parada cardiaca fue debida a "una insuficiencia cardiovascular progresiva". El 1 de febrero, cuando cumplió los 76, nada indicaba la proximidad del fatal desenlace. Sin embargo, tras regresar la pasada Semana Santa de un viaje a Jordania empezó a sentirse mal.
El presidente Vladímir Putin telefoneó ayer a Naina Yeltsina, la viuda del difunto, para expresarle sus condolencias. Sin embargo, Putin no se propone aplazar el discurso que pronuncia cada año ante las dos Cámaras del Parlamento. La comparecencia está fijada para mañana, el día del entierro, y el único cambio que habrá será la inclusión de unas palabras en memoria de su predecesor y un minuto de silencio.
"Un líder valiente"
En un mensaje televisivo, el jefe del Kremlin llamó a Yeltsin "líder directo y valiente, que posibilitó el nacimiento de una Rusia democrática".
Resaltó que su fuerza "era el apoyo masivo a sus ideas y anhelos por parte de los ciudadanos del país".
Putin alabó en especial el "enorme papel" de Yeltsin en la aprobación en 1993 de la actual Constitución del país.
El ex presidente soviético, Mijail Gorbachov, ha rendido también homenaje a quien le arrebató el poder en 1991 diciendo: "Tuvo un destino trágico, en su haber hay grandes hazañas, pero también graves errores".
Salvo algún pequeño percance y una operación de cadera, Yeltsin hacía tiempo que no sufría los problemas de salud que tantas veces lo llevaron al hospital en la década de los 90. Según él mismo reconocía, llevaba una vida de jubilado: "mucho pasear, algún viaje, televisión y libros".
La única vez que se permitió hacer un comentario atrevido sobre la política de Putin, fue tras la tragedia en la escuela de Beslán, hace dos años y medio. Criticó los planes del Kremlin de centralizar el poder y acabar con las elecciones a gobernador. Sus advertencias no fueron tenidas en cuenta.
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