LA esencia humana reside en el individuo, la persona es lo que los griegos denominaron máscara o representación del fuero interno más puro del ser humano, hombre o mujer, el que nadie ve ni percibe. La persona viene a ser ese individuo refinado, incluso sublimado, pero que sigue a merced de sus instintos, marcados por sus necesidades vitales. Nadie se sustrae a la ambigüedad y en este mundo teatral devienen las pantomimas, muecas y caras múltiples. La falsedad no es patrimonio exclusivo de las monedas con anverso y reverso.
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