EL DÍA, S/C de Tenerife
José Miguel González es ingeniero de Montes y licenciado en Farmacia. Ha sido delegado provincial del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (1977) y del Ministerio de Agricultura (1979), director general del antiguo Icona (1981) y director conservador de los parques nacionales Caldera de Taburiente y Teide. En la actualidad, es el portavoz de CC en el Parlamento de Canarias. Este especialista en áreas protegidas analiza la candidatura del Teide a formar parte de la lista de sitios naturales Patrimonio Mundial, lo que se decidirá a finales del mes de junio en Nueva Zelanda.
-¿Cree que la Unesco fallará a favor del Teide para incluirlo en la lista de sitios Patrimonio Mundial?
-Espero que sí, porque el Teide ofrece una serie de valores que tienen mucho que ver con el avance científico en temas como la volcanología, las singularidades de la vegetación, etcétera. Además, no hay que olvidar que fue uno de los lugares donde Humboldt comienza sus expediciones a América. Por otro lado, no olvidemos que históricamente era la montaña del Atlas, ese faro que en el mar guiaba a los navegantes por el proceloso Atlántico. Por supuesto, para los canarios tiene un valor importante, pero yo creo que su interés trasciende mucho la valoración de los propios canarios hasta el nivel de la literatura universal. Por todo ello, creo que esas facetas le dan calidad suficiente para que la Unesco tome una decisión positiva, pero habrá que esperar, obviamente.
-Si al final se consigue la distinción, el Teide y Garajonay serán dos de los tres sitios naturales exclusivos de España con esa calificación. ¿Qué dice esto a favor de nuestros espacios protegidos?
-Hoy en día es más común que se incluyan lugares naturales en la lista, pero hace algunos años casi todo se movía en torno al patrimonio cultural, alrededor de lo que significa la cultura de la civilización. Antes era muy difícil entrar en esa nómina. Creo que para los canarios es un gran orgullo. En las Islas hay cuatro parques nacionales, el 42% del territorio está protegido, y somos, en la región macaronésica, un punto caliente de la biodiversidad. Por ello, no me parece raro que se dé esa circunstancia.
-¿Servirá la distinción para que otros parques nacionales aspiren a ser Patrimonio Mundial?
-No podemos pensar en que todo puede llegar a ser Patrimonio Mundial. Ésta es una declaración que hay que reservar a lo más esencial. Qué duda cabe que la Caldera de Taburiente tiene unos valores extraordinarios. También los tiene Timanfaya, pero en esa lista no pueden entrar todos los espacios a nivel mundial. Tener dos parques distinguidos en Canarias a ese nivel sería un avance conservacionista importante. El mundo es muy grande, y la diversidad cultural y ecológica es extraordinaria, por tanto tenemos que pensar que la perspectiva con que se dan estas distinciones es mundial y, lo que para nosotros es muy valioso, para otros, no es que no lo sea, sino que, por comparación, puede quedar fuera de los objetivos de la evaluación.
El valor del premio
-¿Cree que estas distinciones sirven para algo más que para añadir un título al nombre del lugar?
-La distinción de Patrimonio Mundial lo que hace es valorar los recursos. A partir de haberla obtenido, lo que queda es una obligación de mantenerlo. El hecho de que se defina a un sitio como Patrimonio Mundial da una obligación clara de protegerlo a nivel mundial. Se traduce como la necesidad de hacer las cosas bien, y no sólo que nosotros digamos que están bien hechas, sino que haya alguien de fuera que también lo corrobore. Eso siempre es bueno, porque el juicio externo suele ser más neutral. Lo importante no es que nos premien, lo importante es que el recurso se proteja.
-¿Cree que el auditor que visitó el parque en octubre será objetivo?
-Estoy seguro de que serán objetivos, y la valoración será adecuada. La UICN es el órgano técnico que apoya al Icomos para valorar los espacios. El problema no es que el Teide sea un recurso natural importante, que eso no lo duda nadie, sino que, comparativamente con sitios similares, resalte sobre los demás, y esta valoración la tiene que hacer algún técnico, que en este caso fue el enviado por la UICN en octubre. La impresión que yo tengo es que el informe ha sido favorable. Vamos a ver ahora lo que ocurre.
-¿La obtención de esta distinción y el traspaso de las competencias sobre parques nacionales a las autonomías será un broche de oro al cincuentenario de Las Cañadas del Teide?
-Más que un broche de oro es un compromiso: hacer las cosas bien y gestionarlas bien. Por supuesto, es un orgullo para los canarios que el Teide pueda ser declarado Patrimonio Mundial, pero no nos quedemos ahí. Nos dirán: "Ustedes tienen ahí una joya, cuídenla. Son los depositarios de esta joya, no los dueños, sino los responsables de este tesoro para las generaciones presentes y para las futuras".
-¿Está preparada Canarias para esto?
-Sí. La política de conservación en Canarias es más fácil que en otras zonas del país. Tiene más dificultades intrínsecas, pero su desarrollo es más fácil debido a una razón sociológica. Por ejemplo, cuando se intentó ampliar el Parque Nacional Picos de Europa hubo una enorme resistencia por parte de los vecinos del valle de Liébana. En cambio, aquí, en Canarias, te sientes empujado hacia delante, en el sentido de que la gente quiere que protejas, que los parques se amplíen. Los ayuntamientos también están deseosos de que parte de sus territorios entren en los parques. Esto es una gran ventaja. No es como en ciertos sitios, donde cualquier intento de ampliación se encuentra con la resistencia de la gente.
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