¡POR SAN ROQUE y San Genaro, Doña Josefa! Déjeme entrar en la cocina, que me muero de la gazuza, y le prometo que no pellizo de las perolas -a pesar de los aromas-. Doy palabra de honor de Greñamillo, y si no que me parta en dos un pollo tomatero; quedo calladito y quietito como un tusito, y, si acaso, me tomo un vasito de vino y unos chicharrones.
-Mire Don -contesta arrecha la buena señora-. De esto de los picoteos antes de sentarse a la mesa hemos tenido "cienes" de conversas, y sabe usted que no consiento intromisiones en la barriga, que estoy preparando unas caballas con fideos, y eso es sagrado. Si tiene hambre, cómase a Micifú, que es igual que usted, pero rondando a las gatitas.
-De veras, Doña Josefa, que fule que se me pone. Que no quiero minino como matahambre, que para eso sirven unos chochos, una pelota gofio, un almendrado o, si me apura, un pan de leche untado con almogrote piconcito.
-Nunca se comprobó, como defiende la comadre Doña Presentación -del pueblo burgalés de Pradoluengo, a más honra- que los aperitivos antes del almuerzo dieran buen resultado, pues, al contrario, dejan la tripa abollada antes de lo que interesa, que en este caso son unas caballas con fideos, ¿me oyó?
-Si sigue usted así es que me va a endilgar una rapadura.
-Una raspadura va a tener si mete mano a ese fideo. Que le estoy viendo. ¡Zape!
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