... Usted es más "socialisto" -valga la sana expresión- que socialista, y no se lo tome a mal, porque le escribe un admirador de su persona, de su figura, aunque difiera de sus ideas. Usted ha preferido siempre mover los hilos internos del partido -el aparato lo llaman- que la gestión (excepto el día de la moción de censura, que dio usted la talla). Incluso parece que lo deleita esa bancada tan detestada que es la de la oposición. Por eso su despacho está más liso y descendente que el tobogán de los Alpes del día de Año Nuevo. Usted, socialista, es más católico que agnóstico o ateo, y usted resucitó -es por ello- el socialismo tinerfeño. Se encaramó a los altares con una "santísima trinidad" que después, caprichos del destino, se fue al infierno. Pero ahí estuvo usted, al pie del cañón, sin el círculo. Y venció a quienes desde la isla de enfrente, la isla hermana -o prima-, lo denostaban como secretario general de los socialistas canarios. Les ganó sin batalla, con el poder de la palabra, que es la única herramienta válida para lograr el éxito. Los derrotó. Y es, en la actualidad, el secretario general del PSC-PSOE.
... Usted es buena gente, campechano, amigo de sus amigos, un "maestro" como cabeza de familia, como padre y esposo, y como esposo y padre. Usted adora el reposo, pero a la vez se fatiga por su pueblo, porque lo ama y lo daría todo por él. Por los votantes socialistas, y por los nacionalistas y los populares, y por los "pequeños", los que estiran el cuello para llegar a las instituciones. A usted lo quieren sus allegados. Usted almuerza con su esposa un día, con Paulino o Soria el siguiente y con "quien sea" de tal el jueves. Da igual, porque usted pasea por El Corte y se siente feliz. Y así es y debe ser.
... Hete aquí que lo mira un tuerto desde Madrid. Ferraz -ojo, y ZP- se endiabla con Juan Fernando López Aguilar, porque "torea" intelectualmente a quien engrasa la maquinaria "sociata", Pepinho Blanco, y el canario migrante, ministro de Justicia y aspirante a Exteriores, es obligado a retornar en "cayuco-jet". Y barre antes de arribar, y llega, y guillotina, y se rodea de ¿quiénes?, y lo deja a usted al pie de los caballos, le quita el número uno al Parlamento por Tenerife y lo manda de candidato a La Laguna. Y se carga las primarias, y se funde a los "oficiales" para ubicar a los suyos -de él-, y encarga su programa, su contrato con los electores, a segundos y terceros. Y pierde por plagio, y fusila al mensajero, y no se va. ¿Y usted? ¿cómo queda usted como secretario general? Hay quien lo culpa a usted -o a alguno de los suyos- de poner la zancadilla a "Juánfer" en los exámenes finales de Ética. Puede ser, da igual, porque el ridículo ya lo hizo él y no ha dimitido.
Yo que usted, a falta de unas horas para cerrar las listas, me cargaba a "Pitagorín" y me autoproclamaba "cabeza de lista", no "de turco".
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