... Aunque suene raro, es posible que los mejores hallazgos de la presente campaña electoral provengan del PP. Uno, el de mayor calado, correspondería a su presidente regional y candidato a serlo del Gobierno autónomo; el otro, menor, al del aspirante a la Alcaldía de Santa Cruz. Ambos han aportado, seguramente sin proponérselo, dos novedades que no es fácil encontrar en la refriega electoral. No se trata de que sus programas sean mejores o peores, sino de que aportan sendas particularidades que se salen de la norma y que, en cierta forma, son traen aire fresco. Una es conceptual -la de Soria-; la otra, de actitud. Empecemos por esta última.
... Ángel Llanos ha decidido jugarse todo a una carta. Su estrategia para convencer a los santacruceros no contempla la toma de precauciones por si le sale mal y tiene que irse a la oposición. Él mismo lo ha dicho: considerará un fracaso no sacar una mayoría absoluta para ser alcalde. En consecuencia con ese planteamiento, ha dejado de lado las medias tintas y se ha lanzado de cabeza al núcleo de los problemas; otra cosa es la credibilidad de sus propuestas para resolverlos, pero, al menos, no está jugando a nadar y guardar la ropa. Si le sale bien, será alcalde; si le sale mal, tendrá que retirarse de la política por coherencia con lo que está diciendo. No le interesan los términos medios porque debe de haber pensado que si tiene alguna posibilidad de ganar a Zerolo es arriesgando al máximo, aunque se estrelle. Lo que puede ocurrir incluso si gana, pues sus propuestas son de difícil -algunas físicamente imposible- realización.
. .. En cuanto a Soria, ha dicho algo inaudito, que va contracorriente, contra el manual del perfecto demagogo que todo lo arregla prometiendo una nueva ley. Ha dicho que él no piensa promulgar "ni una sola más" de las que ya hay; si acaso, derogaría alguna, como la de la moratoria turística. En cambio, el candidato popular habla de aplicar bien las normas vigentes. Un planteamiento casi suicida en un político pues le pedirán explicaciones de cómo piensa cambiar las cosas que cree mal hechas sin apoyatura legal. Sin embargo, amplios sectores sociales coinciden con este planteamiento. Por recordar un ejemplo ilustrativo, el Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias dijo, en su momento, que la Ley de Directrices de Ordenación General y del Turismo de 2003 sólo era "una ley para hacer cumplir la ley". Es decir, nos recordaba que ya existía una Ley General del Turismo, que, aplicada con valor y buen sentido, podía conseguir los fines que perseguía la nueva norma. ¿Cuál es el motivo de esta práctica de hacer continuas leyes que ha llevado a países como Italia al marasmo administrativo y que colapsa la gestión pública? Es difícil saberlo. Parece que muchos mandatarios prefieren ignorar lo preexistente para atribuirse el mérito de la novedad; otras veces una ley no es más que un nuevo intento para que alguien cumpla lo que antes no quiso o se resistió; es presentarle al ciudadano el mismo producto con otro envoltorio. En definitiva, puede que Soria haya inventado una nueva filosofía sin saberlo: la legislación sostenible, aquella que no puede crecer más para no aplastarnos bajo una montaña de papel.
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