"Poco después, cuando la tarde fría / se echó a morir privada de sentido / supe que con la luz, tú te habías ido / y que, jamás, la luz retornaría".
(Antonio Gala)
EN EL CENTRO Cultural San Sebastián, del pueblo costero de Tejina, tuvo lugar el pasado sábado la presentación de un pequeño gran libro titulado "Había una vez...". Homenaje de amor a doña Dolores Talavera Santana de su esposo, don Sebastián Rojas Cruz y sus cinco hijos, además de quince firmas de familiares y amigos, contando también con los profesores de estudios de la extinta y su consejero espiritual, don Carmelo Hernández González, quien, entre otras cosas, dice: "Es cierto que en la vida hay espinas porque hay sufrimientos, dolor, problemas y preocupaciones. Pero cuando afrontamos serena y responsablemente la vida, todo será camino de madurez y es lo que le dará una mayor lozanía y entereza, fortaleciendo también a los que están a su lado".
El presentador del acto y de la obra, don Epifanio González Hernández, decía: "Había una vez..., y sigue habiendo, un marido que disfrutó junto a su mujer y disfruta de sus hijos; Sebastián Rojas (Chano). Su fuerza, su garra y energía hacen hoy este homenaje a su reciente fallecida esposa, Dolores Talavera Santana (Lola). Vivencias fotografías historias recuerdos, escritos, poesías, ensalzamientos y mucho más llena este libro. Un libro hecho de amor y por amor.
Todos los que conocieron a Lola tienen algo que agradecerle, un consejo, una palabra de afecto, o bien el ejemplo de su vida y de su enfermedad, pues aunque ésta era irreversible y dolorosa, nunca se doblegó ante ella; siguió al cuidado de su hogar y de su familia, pasando por alto las dolencias y las idas y venidas al hospital. Estaba dotada de una fuerza casi misteriosa.
Dolores Talavera nació en Santa Brígida (Las Palmas) y, a la edad de siete años, se traslada a Tenerife. Aquí brotó esa cantera de hijos, esa fuente musical que ha sido siempre su casa. Mi contacto con esta familia ha sido a través de la poesía. Contaban Sergio y David nueve y diez años cuando se dedicaban a recitar mis versos en las fiestas de los pueblos. En la actualidad, ambos son profesores de la Escuela de Música de Santa Cruz de Tenerife, mientras María Dolores imparte sus clases en La Laguna y Granadilla; Adolfo es fisioterapeuta, pero no por ello deja de ser un magnífico trompetista; y la benjamina, Saray, continúa sus lecciones en el Conservatorio. ¿Nos podemos imaginar el sacrificio de esta madre para dar estudios a cinco hijos, sobre todo cuando no se cuenta más que con la nómina del padre? Pero, a la larga, ¡cuántas satisfacciones! Un ejemplo digno de imitación y de alabanza, por eso su esposo ha querido plasmar en este libro todo el amor que late en sus corazones a través de la palabra escrita.
La sala del Centro Cultural San Sebastián quedó corta para albergar a tantos amigos y vecinos y para dar cabida al desborde de sentimientos y recuerdos. Su hijo Adolfo, en la página 49, le dedica un poema titulado "Cenizas caen en aguas de Candelaria". Allí, junto a la Morenita de la Candela, quiso Dolores que esparcieron sus cenizas para quedar por siempre envuelta en las benditas aguas que besan el Santuario. Saray titula el suyo: "Para mi querida mamá", María Dolores le dice en "Mamá": "Gracias a ti, soy lo que soy. Si no fuera por esas largas esperas en el Conservatorio y por tu afán de terminar todo aquello que se empieza. Tan generosa que renunciaste a tu vida por la de los demás. No me cansaré, jamás, de darte las gracias".
El libro es un bellísimo homenaje a María Dolores, es un torrente de amor, antes y después de la muerte. Ella también quiso dejar sus versos -como apretado abrazo- desde la página 18 hasta la 29. En el titulado "El mar", dice: "Mi barrio es precioso / desde él se ve el mar / un mar claro y transparente / que acaricia la costa. / A mí me gusta hacerlo con mis ojos. / Pienso en el verano para ir a nadar. / Sueño con contemplarlo junto a mis nietos / cuando sea viejita / y enseñarles que somos privilegiados / por tenerlo tan cerca". Su esposo le dedica el titulado "Semblanza": "Mujer bella, inteligente, bondadosa / aureola en su familia. / Recta, de expresión afable. / Inquieta por la cultura / arriesgada, con fe grande".
Querida familia, qué orgullo para todos saber que vuestra madre no se ha marchado, que se ha quedado en el corazón de todos vosotros. Se cumplió su voluntad.
Permítanme que yo también me cuele por esta ventana del prólogo y con el permiso de todos le diga: qué orgullo para ti, Lola / que mires desde la altura / y contemples el derroche / de amor, cariño y ternura / de tus hijos, de tu esposo / y amigos, que con dulzura / te han dedicado sus versos / con la mayor galanura.
Sigue cuidando desde tu hábitat celeste todo el tesoro que dejaste en este suelo, protégelos con tu amor de siempre. Ellos, puedes estar segura, no te olvidarán.
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