Criterios
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Ventajas de la globalización

31/mar/07 02:33
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E S SEGURO que el episodio de los quince militares británicos en manos iraníes terminará bien, es decir, con su liberación. Pero su condición de anecdótico para lo que está cayendo en la región no le priva de interés y muestra, de una parte, los límites de la acción política y, de otra, las ventajas de vivir en la célebre "aldea global" donde todo se sabe. Nunca quedará del todo claro si los marinos del UK estaban en aguas iraquíes o iraníes y esa es la primera lección de la encantadora crisis: el gobierno británico ha dicho tantas mentiras en relación con Irak que su credibilidad no es la que fue, ni siquiera comparada con la del régimen iraní que no es un modelo en la materia.

Segunda lección: los iraníes nunca habrían osado capturar soldados norteamericanos porque el conflicto sobrevenido habría sido demasiado fuerte teniendo en cuenta la vigente tensión entre las partes y los tambores de guerra oídos aquí y allí. Además, se está haciendo pagar las (pretendidas) acciones encubiertas de Londres en el suroeste iraní, donde ha habido atentados a cargo de terroristas separatistas filoárabes inspirados por los servicios británicos según Teherán.

En tercer lugar, los iraníes contaban con el eco fantástico que el asuntillo está recibiendo, que compite en los titulares y las TV con las matanzas sin precedentes en Tall Afar y supera el trascendental debate político en el Congreso norteamericano. En Teherán saben lo que hacen incluido que deberán cancelar el incidente con buenos modos como sucedió ya en 2004.

Se ha olvidado, en efecto, que hace casi cuatro años ya ocurrió lo mismo y las partes observaron una conducta semejante. Quien lo recordaba - o sus amables anfitriones iraníes se lo sugirieron - fue la señora Faye Turney, única mujer del grupo, que ha divulgado, aparentemente sin presiones insoportables, un par de cartas que son dinamita postal: pide, entre otras pequeñeces, que los británicos se vayan y dejen a los iraquíes resolver sus asuntos, además de mencionar Guantánamo y Abu Ghraib.

Ayer, otro escribiente, el soldado Nathan T. Summers, vino a decir más o menos lo mismo. Está claro que sus testimonios deben ser recibidos con algo más que cautela, pero hacen mella y la sociedad británica no estigmatiza a sus autores como traidores al borde de un consejo de guerra. Esa es la cuestión.

 

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