QUEREMOS SER OBJETIVOS al hablar del Premio Canarias de Comunicación, como el silencio que hemos guardado hasta ahora -anteayer fue cuando el jurado emitió su fallo-, porque entre los candidatos que fueron presentados figuraba nuestro editor y director, José Rodríguez Ramírez. Y decimos presentados porque es así como funciona dicha distinción: son otros quienes proponen a las personas o instituciones que consideran dignos de recibirla, muchas veces sin conocimiento previo del afectado. Precisamente ése era el caso de José Rodríguez, cuya candidatura salió del Cabildo tinerfeño, donde los grupos políticos la suscribieron por unanimidad sin que el candidato conociera la intención de la Corporación insular. Después de ese paso, fueron otras muchas instancias las que, al conocer la decisión del Cabildo tinerfeño, han pedido expresamente el premio para nuestro editor y director. Desde ayuntamientos hasta particulares, pasando por entidades de diverso tipo.
Naturalmente, el afectado aceptó que la promoción de su candidatura siguiera adelante por una cuestión de mínima cortesía, aunque nunca pensara en aspirar al citado premio y sospechara que las posibilidades de ser elegido eran pocas porque, al poco tiempo, empezaron a ladrar desde Las Palmas los enemigos de Tenerife, acompañados después por sus perrillos de aquí y por algunos aprendices de periodista de la Facultad de La Laguna. Estos últimos, un grupúsculo de jóvenes manipulados porque no se entiende, de otra forma, que se opongan a un reconocimiento para una de las personas que más contribuyeron a crear en su día el centro donde ellos estudian y con el cual esta Casa mantiene un convenio para la realización de prácticas de verano de los estudiantes, que incluso se gratifican económicamente aunque el acuerdo no obligue a ello.
Aclarados los precedentes, no nos duelen prendas por felicitar a los ganadores del Premio Canarias de Comunicación 2007, los trabajadores de RTVE en el Archipiélago, por los 43 años de presencia de la televisión y la radio estatales en las Islas. Pero ello no es óbice para dejar de señalar lo poco apropiado que era el jurado escogido para la ocasión, ya que entre sus miembros figuraban las máximas responsables de ambos medios, además del delegado del otro de carácter estatal, la agencia Efe; como aquel que dice, su primo hermano. Y un cuarto miembro del jurado era un familiar muy cercano a otro de los candidatos presentados. Con estos condicionantes, hubiera sido un milagro la elección de José Rodríguez. Dicho esto, también habría que plantearse si, al ser un colectivo el destinatario del premio, éste es homogéneo en méritos. Porque ¿son iguales los que trabajan en Las Palmas al servicio de ésta que los jubilados de RTVE-C a la fuerza, los que rezongan por los pasillos y bares y los que los sufren en Tenerife? Al decir esto nos viene a la memoria aquella anécdota del rey Alfonso XIII, nos parece que con el escritor Miguel de Unamuno, quien, al recibir un premio del monarca dijo: "Gracias, majestad, porque me lo merezco". Y como el rey le contestara algo así como: "Miguel, hasta ahora todos habían dicho que no merecían el premio", el autor vasco replicó: "Y tenían razón, majestad, y tenían razón". Pues eso.
En definitiva, esta Casa se siente conforme con el resultado del Premio Canarias de Comunicación y felicita a sus destinatarios, pero sin dejar de manifestar sus sentimientos al respecto: nos sentimos ofendidos sin llegar al ultraje, porque el jurado ha tirado por el camino de en medio. Otra decisión hubiera sido menos justificable. No hay más que comparar méritos y trayectorias, y obras que perduran y prestigian a Canarias y a Tenerife.
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