ERICK CANINO, S/C de Tfe.
Treinta años no son nada. Para Jan Groenewoud, con siete consanguíneos entre las víctimas del 27 de marzo de 1977 en Los Rodeos, treinta años no son nada. Tenerife conoció ayer de las lágrimas de los familiares. Desde sus ojos recordaron que ni siquiera todos los minutos de tres décadas sirven para tapar las grietas de los malos recuerdos. Lágrimas hacia el cielo, fuera de cualquier marco temporal. 583 víctimas son muchas víctimas y en una reunión conmemorativa tan grande como la de ayer la congestión del dolor sólo puede traducirse en las repeticiones de llantos sordos.
La Mesa Mota se llenó de autoridades. Todos ellos se sentaron a la izquierda de los supervivientes que acudieron a la cita y de los familiares de las víctimas. Justo en frente, una amplia representación de medios de comunicación tanto locales, como nacionales y foráneos.
El protocolo y la oficialidad también tuvieron su fin en este encuentro conmemorativo a las tres décadas del accidente. Las palabras dejaron paso a la vida misma y fue entonces cuando la ingente cadena humana de familiares y supervivientes se hicieron protagonistas de manera activa. Todos, uno por uno, tuvieron la oportunidad de desfilar delante de la estructura de 18'25 metros y tocar con sus manos el símbolo que honra la memoria de los muertos en un emplazamiento con un marco espectacular. Justo detrás, la generosa vista de la vega lagunera.
Frente al monumento se sucedieron las fotografías, los rezos al cielo, las ofrendas florales y las lágrimas. El camino de ida hacia el monumento y de regreso se convirtió en un paseo lento y sentido. Era el momento del recuerdo multitudinario y 30 años no son nada. En este caso no.
Hubo llantos. Algunos ojos quebrados y más de una cara descompuesta. Era el momento del recuerdo multitudinario. Después del protocolo y la oficialidad, todo se volvió humano. 27 de marzo del 2007: volver a llorar.
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