JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
Familiares y supervivientes de la colisión mortal de los Jumbos en el aeropuerto de Los Rodeos protegen con celo miles de historias de sus seres queridos. Dos relatos derribaron ayer el muro que separa lo íntimo de lo público para acercarnos a la figura de algunos fallecidos el 27 de marzo de 1977 en la pista de Tenerife Norte.
Karen Tafuri perdió a su madre, Jeanne Wilder Harlow, en la mayor catástrofe aérea de todos los tiempos. Su historia, al igual que el de muchas personas que han preferido quedar en el anonimato, está llena de emociones contenidas, recuerdos de una juventud que se vio golpeada por un inesperado y violento episodio. "Ese día estaba de viaje", relató, "pero cuando llegué a casa encendí la tele para ver las noticias y de lo único que hablaban era del accidente del 747 sobre una pista tomada por la niebla y en las Islas Canarias. ¡No podía creer lo que estaba viendo! Me quedé en una situación de "shock", pero con la esperanza de que las personas que yo buscaba estuvieran entre las 61 que se salvaron", explicó.
"No fue así", prosiguió Karen. "Por la mañana me confirmaron la mala noticia. Ese terrible día. La muerte de mi madre me cambió la vida y la de mi hermano Danny... ¡Era maravillosa! Era una agente inmobiliaria muy conocida y con mucho éxito. De hecho, se ganó un viaje a Hawai en reconocimiento por ser una de las mejores comerciales de Norman Kaya Realty", rescató justo antes de explicar que "como ya había estado en Hawai, decidió canjear el premio por un gran viaje a Europa".
"Tenía 54 años e hizo aquel viaje con su compañera Lucille Gardner, ambas estaban en la plenitud de sus vidas", dijo Tafuri. "Iban a tener dos semanas de vacaciones para hacer un crucero Mediterranean Highlights a bordo del MS Golden Odyssey. Estuvieron casi un año planificando un viaje que les hacía mucha ilusión", reveló.
En el apartado de los agradecimientos, Karen no quiso olvidarse de los militares de la Base Aérea de Dover, en Delaware, que unas semanas después del accidente se presentaron en su domicilio con un sobre. Lo agarró con manos temblorosas y al abrirlo halló un anillo, una joya propiedad de Jeanne Wilder Harlow que tenía grabadas las fechas de nacimiento de Jeanne, Karen y Danny.
Una familia rota
Jan Groenewoud se propuso constituir la Fundación de Parientes de las Víctimas del Accidente de Los Rodeos al cumplirse el 25 aniversario del choque de los Boeing 747. Él tenía 20 años cuando sus padres volaron a Las Palmas para pasar unas cortas vacaciones al sol. "Con ellos vinieron mi hermana Tini, mi hermana mayor Marijke y su familia. En total siete personas", recuperó del álbum familiar Groenewoud. "Antes de marcharse mi padre se volvió y, a pesar de que no me dijo nada, con su mirada me insinuó que le hubiera gustado que les hubiese acompañado. Mi primera reacción, sin embargo, fue la de pensar que la casa iba ser solo para mí durante dos semanas".
Una llamada de teléfono -el personal que trabajó como voluntario en el 27-M logró contactar con los familiares de los ocupantes de los dos aviones en menos 24 horas- cambió su vida. "Acababa de perder a siete personas de golpe. De repente todo fue oscuridad, parecía como si nos encontráramos al borde de un abismo", y agregó que "lo que quedó de mi familia se reunió en el cuarto de estar y nos quedamos paralizados, incrédulos, tristes, abatidos... De golpe me hice adulto y tenía que arreglármelas por mi cuenta, aunque encontré un gran apoyo en mi abuelo, que tenía 86 años", pronunció con una voz castigada por un retroceso temporal de tres décadas.
"Treinta años después, esa pérdida sigue presente cada día en mi corazón y en mi pensamiento", nos contó Jan Groenewoud, quien no se explicaba "por qué tanto silencio tras la catástrofe y por qué no se había celebrado un acto como el de hoy (por ayer) en el que todos podamos reflexionar sobre lo ocurrido en Los Rodeos. Después de superar una crisis personal -en el verano de 2001- me propuse con firmeza hacer algo. Un año después, más o menos, se constituyó la fundación y organizamos un primer homenaje en Amsterdam".
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