La posibilidad de un cambio en el actual sistema electoral para introducir las listas abiertas, modelo que se utiliza en países como Suiza, Finlandia o Luxemburgo, se plantea cada cierto tiempo dentro del debate que existe sobre la crisis de representación política que parece vivirse en España, con su reflejo en la baja participación electoral.
En un sistema de listas abiertas, cada elector podría emitir un voto preferencial a cada candidato, de modo que la elección no es exclusivamente una selección entre partidos, sino también es una competencia entre candidatos individuales de la lista del partido. La lista abierta ofrece además varias posibilidades. Cada partido propone una lista de nombres, usualmente en orden alfabético, que no puede ser mayor que el número de escaños asignados a cada circunscripción. En otros casos, el electorado no vota por un partido en sí, sino únicamente por candidatos individuales nominados, pero no ordenados por una lista de partido.
Partidos políticos y expertos, sin embargo, no están tan convencidos de las supuestas ventajas de las listas abiertas, y en todo caso no creen que haya suficiente madurez política para afrontar un reto así.
José Adrián García Rojas, profesor titular de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de La Laguna, señala que hay países que ya tienen este modelo electoral en los cuales la participación en los comicios es todavía más baja que en España, y considera que la mayor o menor abstención no depende de este factor, sino de la cultura política. Una prueba de ello, afirma, es lo que ocurre con las elecciones al Senado, donde el elector tiene opción de elegir a la persona, no sólo al partido, con su papeleta, y la participación es menor que la del Congreso y, además, se da la circunstancia de que los primeros que aparecen en la lista por orden alfabético son los que más votos sacan.
En su opinión, las listas abiertas complican la vida al elector e introducen un factor de distorsión en un sistema electoral, que en su opinión ha funcionado bien.
El secretario de Organización del PSC-PSOE, Manuel Armas, considera que si la sociedad está por abrir este debate, se podría hacer, pero fuera de una contienda electoral, y teniendo en cuenta que el actual sistema es todavía joven, como la Democracia en España. En todo caso, también coincide en que las listas abiertas han demostrado que no contribuyen a una mayor participación, y los ciudadanos siguen votando en función de las siglas, no de los candidatos concretos, salvo en casos muy específicos de personas muy conocidas. Excepto en estas situaciones, coincide en que el más beneficiado siempre es el primero en la lista.
El lado positivo.- El concejal del PP de Santa Cruz Guillermo Díaz considera que las listas abiertas pueden ser positivas, y un estímulo para que la gente vote, pero también ve riesgos en este sistema, porque considera que la gente aún no está preparada y madura para un modelo que implica una mayor complejidad a la hora de votar. Además, resalta el hecho de que no hay de momento ninguna iniciativa seria en este sentido y que lo que está pasando es todo lo contrario, que se están estableciendo reglas como la paridad en las listas, que todavía encorsetan más la confección de las candidaturas.
El secretario de Autogobierno de CC, Fernando Ríos, apunta también que si hay demanda social se debe afrontar este debate, pero tiene claro que las listas abiertas pueden tener más inconvenientes que ventajas, y que no está demostrado que así vaya a haber más participación política. La ventaja, subraya, es la libertad del ciudadano para decidir, pero las desventajas son la complejidad con la que se encuentran para confeccionar su lista, acostumbrados como están a unas papeletas por siglas muy sencillas, los problemas de los partidos para encontrar un equilibrio interno que asegure a todos los componentes de la lista las mismas oportunidades, y el escollo de las listas paritarias. En todo caso, considera que el sistema aún no tiene la suficiente madurez para un cambio así.
García Rojas quita importancia, además, a la alta abstención que existe en Canarias, y destaca que en una Democracia tan consolidada como la suiza, los niveles de participación son realmente bajos. Los representantes de los partidos reconocen que gran parte del problema está en su alejamiento de la sociedad, pero en todo caso, todos insisten en que eso no se soluciona con listas abiertas.
Una posibilidad, apuntan, sería ir introduciendo a forma de prueba el sistema en municipios pequeños, donde la gente se conoce más y por tanto sabe mejor cómo es cada candidato. No obstante, aquí aparece también la discusión sobre si los ciudadanos son capaces de elegir a la persona que mejor gestiona, o simplemente a la que le cae más simpática o tiene más posibilidad de salir en los medios de comunicación, como subraya Manuel Armas. También está la cuestión del voto "clientelar", que Guillermo Díaz cree que se agravaría con las listas abiertas. Ríos y García Rojas apuntan que para estimular la participación ciudadana en la política son más adecuados otros instrumentos, al margen del sistema electoral, como los puestos para fomentar su implicación en la toma de decisiones, sobre todo en el ámbito municipal.
Textos: Estela Crespo y Nacho Martín. Fotos: María Pisaca.
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