
EL DÍA, S/C de Tenerife
La candidatura del Teide a formar parte de la lista de sitios naturales Patrimonio Mundial de la Unesco se basa en dos criterios fundamentales: los aspectos geológicos y paisajísticos especiales que engloba este espacio protegido. En la documentación remitida a la Unesco, hay un informe de especialistas sobre el valor paisajístico de las 18.990 hectáreas que conforman el parque. María Eugenia Arozena, profesora de Geografía de la Universidad de La Laguna y gran conocedora del Teide, formó parte del equipo que realizó ese informe.
-Un equipo de geógrafos, entre los que se encontraba usted, fue el autor del informe sobre el paisaje del Teide, el que se elevó a la Unesco. ¿Qué significó desarrollar este trabajo?
-Fue un privilegio, una oportunidad que nos dieron de realizar algo que todos los que integrábamos el equipo, formado por Eduardo Martínez de Pisón, Carmen Romero Ruiz, Esther Beltrán y yo misma, queríamos haber hecho desde hacía tiempo. Un trabajo así te permite disfrutar aprendiendo, y también responde a la demanda de conocimientos que nosotros podíamos aportar.
-¿Durante la redacción de ese informe se les presentó algún problema destacable?
-Sólo uno: tener que contar en cuarenta y pocas páginas cómo es el paisaje del Teide. De hecho, en el trabajo de campo que hicimos para realizar ese informe, recogimos bastante más información que la que figura en el expediente.
-¿Cómo se explica en tan poco espacio tanta variedad de paisaje?
-Es un paisaje cuyo valor se debe considerar desde distintas perspectivas. Desde el punto de vista histórico, implica lo que ha supuesto el volcán como referencia mundial desde finales del siglo XVIII. Si nos acercamos al significado de hoy, es muchas más cosas: una referencia paisajística, que está en un lugar determinado y también algo que resulta distinto para aquellos que lo miran desde diferentes localizaciones ya que desde La Palma se ve de una manera; desde Icod, de otra, y desde La Orotava, de otra totalmente diferente. Desde el punto de vista más formal, hablaríamos de un paisaje de alta montaña, volcánico, en una zona subárida situada en medio del Atlántico y que emerge directamente desde el mar. Eso, como ya apuntó Martínez de Pisón, no se encuentra sino aquí, en Tenerife, en un recorrido desde Islandia hasta la Antártida y desde la Sierra Madre Occidental, en México, hasta el Himalaya.
-¿Es esta exclusividad su principal valor?
-Sí, y además, cuando entras en el parque, te encuentras con que es un paisaje en el que el volcán es un elemento predominante, pero no el único. Encuentras otros submundos: otros volcanes o coladas. Esta amplitud de lo que se ve en el entorno del Teide se debe dar a conocer a todo el mundo, y no para sustituir el protagonismo del volcán, sino para completar y enriquecer el conjunto. Y ahí es donde se halla otro de los grandes valores: la existencia de distintos elementos y la combinación y relación espacial que existe entre ellos y el edificio del volcán Teide.
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