LO QUE HAY QUE OÍR. Mayormente, en época preelectoral. A José Carlos Mauricio le han convencido, finalmente y después de mucho batallar, después de mucho rogarle y después de prometerle no se sabe qué si finalmente daba el brazo a torcer, para que encabece la lista de CC al ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Era una idea de la que se venía hablando hace tiempo, una propuesta en el aire que el astuto y veterano político espantaba con un manotazo cada vez que se mentaba como si de una abeja molesta y envenenada se tratase. No le gustaba al todavía consejero de Hacienda el envite ni aunque los amigos le asegurasen que le iban a dar, bajo la mesa, el caballo y la perica. Pero, por fin, aceptó.
Lo que hay que oír, como les decía al principio de esta columnilla, es que, ahora, Paulino Rivero anda por ahí asegurando que Pepe Carlos está más contento con su candidatura a la alcaldía que un niño con zapatos nuevos. La cita es textual y prueba, una vez más, que el aspirante a la presidencia de la Comunidad Autónoma tiene en muy poca consideración la inteligencia, o si quieren, la perspicacia de los isleños.
A estas alturas de la película, José Carlos Mauricio puede presumir de ser el político que más ha durado en el poder, que mejor ha toreado la suerte de la cosa pública, que más y mejor ha sabido negociar su propio futuro y su propia permanencia en cada momento y en cada machito. No le queda nada por hacer. No le queda nadie a quien engañar y, seguramente, ha llegado para él el momento idóneo de retirarse aparentemente del escenario político y de seguir mangoneando en la sombra, una especialidad que se le da especialmente bien. A alguien así, encabezar una lista municipal con un fuerte tufo a perdedora ya desde la misma línea de salida, no le puede poner contento en absoluto ni ilusionarle para nada como unos zapatos nuevos (Pepe Carlos ya es mayor: a los mayores, los zapatos nuevos, más que ilusionarnos, nos joden, y lo que deseamos es quitárnoslos cuanto antes para calzar unos ya desgastados, hechos a nuestros cansados pies y a nuestro peculiar modo de caminar, que es como el de la perrita de cada cual).
Ignoro, y lo confieso, de qué arte se han valido los dirigentes de Coalición Canaria para convencer a Mauricio de que asumiese un reto del que va a salir bastante chamuscado. Me gustaría saberlo y, si lo averiguo -más allá de las razones ficticias que se manejen para justificar el prodigio- se lo trasmitiré a mis lectores, palabra. Para el conjunto de la sociedad canaria, sin embargo, este inesperado desembarco de José Carlos en la política municipal, será positivo. El tiempo, por pequeño que sea, que vaya a emplear en su concejalía, no podrá dedicarlo a enredar en otros menesteres.
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