
Sobre lo que sucede en el cementerio de Icod
En Icod de los Vinos, a la angustia y el dolor por la pérdida de un ser querido, se vienen uniendo últimamente la rabia y la impotencia cuando se burlan en nuestra cara de esos sentimientos de dolor y pena. Ayer tuvimos otro desafortunado episodio de este estilo, al que muchos, especialmente los que gobiernan en este municipio, denominan "compromiso con la calidad de vida". Y digo otro porque, por lo que comentaban los asistentes que tenía alrededor, esa escena se ha convertido en habitual cada vez que hay un entierro en el cementerio de Icod.
Fuimos a enterrar a un familiar, un hombre bueno, que no se merecía esto, y mucho menos estando de cuerpo presente y con todos los que le queríamos allí para presenciar semejante espectáculo. Bajo un chaparrón de los que hacen historia, un operario del ayuntamiento, o lo que llaman sepulturero, según me comentaron, desahuciado del cementerio de La Vega, intentaba con bastante dificultad proceder al enterramiento, con el pulso tembloroso debido a una borrachera que le dificultaba el mantenerse en pie. Como le costaba sacar adelante el sellado del nicho, tal vez por falta de previsión (y a lo mejor de tiempo, aunque el camposanto no estaba lo que se dice en sus mejores condiciones de mantenimiento), el hombre se dedicó a blasfemar contra todos los santos, contra Dios y contra los que estábamos allí, difunto incluido. Y, por lo que decían los asistentes, no era la primera vez que esto sucede. Y tampoco todas estas personas son asiduas visitantes del cementerio.
El simple sellado de la fosa se prolongó por espacio de casi una hora, durante la cual, además del chaparrón de agua, tuvimos que aguantar otro de blasfemias y faltas de respeto por parte de este hombre. Personas que defienden ese "compromiso con la calidad de vida", que también los había entre la comitiva fúnebre, desaparecieron de la escena, tal vez para que no se los relacionara o se los responsabilizara de ser partidarios de hecho tan lamentable.
Cuando ya nos marchábamos del lugar, después de verse crispado nuestro dolor por la falta de respeto tan grande, no vino precisamente el sosiego, pues muchos de nosotros nos tropezamos con quien es el enterrador habitual del cementerio, un funcio- nario municipal que recibe su sueldo de los impuestos que pagamos todos los icodenses. Éste tampoco se mantenía en pie, borracho como una cuba, y tuvimos que aguantarle, entre otras lindezas, provocaciones como decirle a uno de los asistentes que le diera un beso en la boca, a otro que dónde estaba su propina, y concretamente a mí me echó el aliento, porque me habló a muy escasos centímetros de la cara, para decirme que en el trabajo que su compañero había hecho, él hubiera tardado sólo cinco minutos, a lo que contesté: "Usted no está para nada de eso esta tarde". Escuchado esto, desapareció haciendo eses por los pasillos ni limpios ni bien mantenidos del camposanto.
Los que presenciamos esta escena, y yo en su nombre, denunciamos estas vejaciones. Los icodenses que vamos a enterrar a nuestros muertos no merecemos que nuestro ayuntamiento se burle de nuestro dolor de esta forma y pagamos nuestros impuestos para recibir unos servicios con un mínimo de decoro y para que se entierre a nuestros difuntos con más dignidad y respeto. Y si los operarios existentes no reúnen los requisitos, o no están capacitados para esta labor, ya va siendo hora de que se supervise la situación. Creemos que en un pueblo de más de 24.000 habitantes, o incluso en los pueblos de alrededor, tiene que haber alguna persona capacitada para desarrollar esta labor de manera más decente y más propia, porque, si esto es estar "comprometidos con la calidad de vida", a nosotros no nos ha hecho ninguna gracia.
José Pereira Chávez
(Icod de los Vinos)
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