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Seis policías aseguran que la prueba clave del 11-M siempre estuvo bajo control

Los agentes insistieron en que la mochila bomba que llegó a la Comisaría de Vallecas tuvo que ser recogida junto a los bártulos recuperados en el apeadero de El Pozo del Tío Raimundo, y no pudo sufrir manipulación alguna hasta que fue localizada por una agente en la madrugada del 12 de marzo de 2004.
21/mar/07 01:46
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COLPISA, Madrid

Hasta seis agentes de Policía ratificaron ayer ante el tribunal que juzga el 11-M que la prueba clave para desentrañar la génesis de aquella masacre siempre estuvo bajo control policial. La mochila bomba que apareció en la Comisaría de Vallecas tuvo que ser recogida junto a los bártulos recupe- rados en el apeadero de El Pozo del Tío Raimundo, y no pudo sufrir manipulación alguna hasta que fue localizada por una agente en la madrugada del 12 de marzo de 2004

La jornada de ayer fue una de las cruciales del proceso. Los defensores de la denominada "teoría de la conspiración" sostienen que la cadena de custodia de los enseres recogidos en los andenes de El Pozo se rompió en algún momento, lo que permitió que una "mano negra" introdujese en el transporte una bomba ajena a los responsables de la masacre que orientase las pesquisas hacia el mundo "yihadista" y las desviase de ETA.

El tribunal tomó ayer declaración a seis de los más de doce agentes que durante aquel largo jueves formaron la cadena de custodia policial de los enseres de El Pozo. Todos afirmaron que la bolsa estuvo bajo control permanente, desde su recogida en el tren atacado en la estación de El Pozo, en la misma mañana del 11-M, hasta el hallazgo casual del artefacto, sobre la 1:40 del día siguiente, cuando dos policías hacían inventario en la comisaría madrileña de las pertenencias abandonadas en los vagones por las víctimas.

Los agentes explicaron que el 11-M, sobre las tres de la tarde, se dirigieron a la estación de El Pozo para coger todos los enseres recuperados de los trenes que el personal municipal de limpieza había introducido en grandes bolsas de basura. Estaban apiladas, cerradas y vigiladas por compañeros en uno de los andenes.

Los voluminosos bultos, al menos una veintena, se introdujeron en dos furgonetas policiales; cada vehículo quedó con los portones cerrados con llave y en manos de sendos equipos de tres policías. La carga fue depositada, primero, en el pabellón de Ifema habilitado para el traslado de los cadáveres de las víctimas. Allí permaneció sólo una hora, en un rincón, precintada e identificada con un cartel y vigilada en todo momento por agentes de Policía.

Inventario

Entre las 21:00 y las 22:00, los enseres fueron recogidos de nuevo por los mismos policías y depositados, finalmente, en una habitación de la comisaría vallecana, cerrada con llave y custodiada por un agente. Los objetos no salieron de ese cuarto hasta pasadas las doce de la noche, cuando comenzó el inventario de los enseres.

Los policías interrogados ayer coincidieron en que nadie ajeno a este cuerpo tocó los bultos durante su traslado y que "las bolsas recogidas en El Pozo son las mismas que dejamos por la noche en comisaría".

La policía que descubrió el artefacto explicó que, "tras abrir una bolsa de deporte azul, encontré un móvil, lo cogí en la mano y vi que colgaban dos cables que se introducían en un paquete envuelto en una bolsa de plástico, por lo que, de inmediato, lo dejé donde esta- ba". "Era evidente que se trataba de una bomba", añadió. La respon- sable de la comisaría avisó a los artificieros y ordenó la evacuación del inmueble.

El artefacto fue descubierto casi dos horas después de iniciado el inventario, en el fondo de uno de los bolsones de plástico. La narración del trascendental hallazgo fue confirmada punto por punto por el otro agente que participaba en la clasificación de los bártulos recogidos horas antes en los vagones.

El abogado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), que defiende la "teoría de la conspiración", fue el que con mayor insistencia buscó un resquicio en la cadena de custodia de la mochila para demostrar la posibilidad de una manipulación de la prueba y desacreditar su valor incriminatorio. Dirigió sin éxito decenas de preguntas a los seis policías.

Como viene siendo habitual, el letrado de la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo, que sí acusa a los sentados en el banquillo, aprovechó su turno de preguntas para formular a uno de los policías la cuestión que rondaba por la cabeza a todos los asistentes a la sesión, aunque por pudor nadie parecía dispuesto a plantear:

-"¿Vio a algún policía, guardia civil o cualquier otra persona introducir alguna bolsa de deportes azul en las bolsas de basura que recogieron en El Pozo".

-"No", contestó el agente.

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