EFE, Roma
El mundo ha reducido a 7,3 millones de hectáreas la pérdida anual neta de superficie forestal, pero "cada vez hay indicios más claros" de que el cambio climático "afectará profundamente", según el informe "Situación de los bosques en el mundo", publicado ayer por la FAO.
Algo menos de 4.000 millones de hectáreas de bosques cubren el 30 por ciento de la tierra, y mientras la deforestación sigue aumentando a "una tasa alarmante", las plantaciones de bosques y su expansión natural "han reducido considerablemente la pérdida neta de superficie forestal".
La pérdida de superficie forestal total fue del 3% entre 1990 y 2000 (una media del 0,22% anual), mientras que de 2000 a 2005 "disminuyó ligeramente" (0,18%), "lo que constituye un progreso", aunque se tradujo en la desaparición de 20.000 hectáreas diarias.
Dentro de los diez países que reúnen el 80 por ciento de los bosques primarios, Indonesia, México, Papúa Nueva Guinea y Brasil experimentaron las mayores pérdidas entre 2000 y 2005.
El informe, presentado en la apertura de la 18 sesión del Comité Forestal de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), examina los progresos "muy desiguales" hacia la ordenación forestal sostenible.
Los países desarrollados de clima templado han hecho "considerables progresos" y la superficie forestal se mantiene o crece, pero las regiones de economías en desarrollo y tiempo tropical siguen perdiendo bosques, aunque "se observan tendencias positivas".
El informe alerta de que "cada vez hay indicios más claros de que el cambio climático afectará profundamente a los bosques", al igual que aumentará el daño provocado por los incendios, las plagas y las enfermedades.
Los bosques pueden contribuir "de manera importante" a mitigar el cambio climático, pero el mundo se enfrenta "a obstáculos políticos y burocráticos que limitan la utilización del Protocolo de Kioto como instrumento para ayudar a detener la deforestación tropical".
El documento también advierte sobre la desertización, "uno de los procesos mundiales más alarmantes de degradación ambiental", que afecta a más de un tercio de la superficie terrestre y a mil millones de personas, "con consecuencias potencialmente devastadoras" para los medios de subsistencia y seguridad alimentaria.
África subsahariana es la región "con el índice de desertificación más elevado del mundo", fenómeno que afecta, además, entre otros lugares, a una cuarta parte de América Latina y el Caribe y a una quinta parte de España. Se calcula que para 2020, unos 135 millones de personas corren el riesgo de tener que abandonar sus tierras debido a la continua desertización, de ellas 60 millones en África subsahariana.
Diversidad biológica
En cuanto a la superficie forestal total, África perdió el 9% entre 1990 y 2005, pero "no todo el panorama es lúgubre", pues se han logrado compromisos políticos para destinar más de 3,5 millones de hectáreas a su ordenación con fines de conservación de la diversidad biológica.
En Europa, excluida Rusia, la superficie forestal en 2005 abarcaba 193 millones de hectáreas, lo que supone un aumento de casi el 7% desde 1990.
El aumento neto medio anual (2000-2005) de terreno forestal fue del 0,07%, resultado en gran parte de "los incrementos sustanciales registrados" en varios países, encabezados por España, con un incremento medio de 296.000 hectáreas anuales e Italia (106.000 hectáreas). Pero hay factores que suscitan preocupación en Europa, como la disminución del empleo en el sector forestal y su aportación a la economía.
La Federación Rusa informó de una pérdida neta de superficie forestal (2000-2005) equivalente a una reducción media de 96.000 hectáreas anuales (0,01% del total).
América Latina y el Caribe son, junto con África, las dos regiones que pierden sus bosques a un ritmo más elevado, con una tasa anual media neta del 0,51% (2000-2005), aunque se están realizando "considerables" esfuerzos. La superficie forestal neta aumentó en Asia y el Pacífico (0,09%), "invirtiendo la tendencia descendente de los decenios precedentes", pero se limitó a la zona oriental, donde una gran inversión de plantaciones en China compensó la tasas de desforestación.
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