Lo malo de los chantajes es que uno nunca termina de pagarlos si cede la primera vez. Está escrito en los manuales de psicología. España capituló ante la enorme extorsión de terroristas fanáticos hace hoy tres años; justo el día que se celebraron las elecciones de marzo de 2004. Esa mañana -mañana de domingo- cogí un avión en Casablanca con destino a Madrid. Minutos antes le había comentado a un empleado del aeropuerto que estaban detenidos tres marroquíes en relación con los atentados de Madrid. Le cambió el semblante. Fue como revelarle que un hijo, un padre, hermano o cualquier pariente suyo hubiese cometido un crimen. No se lo podía creer. Existen innumerables pruebas adicionales de que no todos aquellos que profesan el Islam son terroristas y apoyan masacres como las de Nueva York o Madrid. Tengo varios amigos en Marruecos a los que llamo de vez en cuando, o me telefonean ellos. Casi siempre que sale el tema del 11 de marzo, comentan su incomprensión a lo que ha ocurrido en España desde entonces. Una claudicación -no cabe otro nombre- ante la imposición de una fuerza sangrienta problemática para los propios marroquíes, que harto difícil lo tienen en su propia lucha contra el integrismo que amenaza al país más próspero del Magreb.
Uno nunca termina de pagar los chantajes por la sencilla razón de que el extorsionador suele cogerle gusto al asunto. A lo peor alguien pensó que España dejaría de ser objetivo de Al Qaeda cuando sus soldados salieran de Irak. Posiblemente fue ese señor de gran talante y, en consecuencia, proclive a creer que el lobo le sonríe cuando abre sus fauces. Aunque no; José Luis Rodríguez Zapatero no es tonto. Tanto él como su círculo más próximo de colaboradores sabían -y saben- que cuando se cede a una amenaza se gana tiempo, pero no se resuelve ningún problema; éste regresa más pronto que tarde corregido y aumentado. Lo sabían, pero hicieron caso omiso porque su objetivo no era el tan cacareado bienestar de los españoles, sino alcanzar el Poder y perpetuarse en él.
¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Saldremos corriendo también de Afganistán un domingo por la tarde? A lo mejor sí, sobre todo si en ello va ganar unas elecciones y denostar al contrario. Entiéndase al PP.
A los terroristas no hace falta darles ideas. Se lo recordó Vázquez Figueroa a un ministro, cuanto éste le recriminó que fuese diciendo por ahí cuán fácil sería contaminar la cabecera de un río y dejar sediento a medio país. Tampoco creo estar dándole ninguna idea maquiavélica a nadie si apunto lo fácil que sería acabar con el turismo en Tenerife. Un coche bomba bien puesto; o un par de ellos. A fin de cuentas, si un cayuco puede llegar a La Tejita sin que nadie lo detecte hasta que las bañistas acogen en sus senos a sus ocupantes, nada le impide a nadie desembarcar a una hora menos soleada, hacer lo que tiene que hacer y hasta marcharse por donde ha venido, después de tomarse un refrigerio en Las Verónicas. Sobre todo considerando que la misión primordial del Ejército ya no es defender el territorio, sino ser una ONG. De hecho, cualquiera puede arrasar Santa Cruz tirando bombonas de butano desde una avioneta, sin que tengamos un mal tirachinas para incordiarlo. Qué fácil es poner de rodillas a medio país.
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