
ERICK CANINO, S/C de Tfe.
Qué más da que una de las personas que compartía el concierto en las primeras filas haya aprovechado la magnífica noche de sábado de Candelaria para cabecear durante más de una canción. Qué más da que Lucie Silvas se apoyara en la notable presencia de originarios británicos para sentirse como en casa y expresarse durante toda la noche (sólo alcanzó a decir un "adiós amigos" en la despedida) como si estuviera en el propio salón de su casa. Qué más da que la actuación de la inglesa no haya sido tan apetecible para las masas como realmente la oportunidad merecía. El concierto en la plaza de la Basílica, luego del relleno del telonero Chris Cope, es una buena muestra de lo que esconde el empecinamiento mesiánico (que con Paulina Rubio piensan que nos están trayendo la vida hasta la misma puerta de nuestra propia casa) de taladrar la Isla con los mismos ritmos latinos que ya cansan, que ya está bien.
Silvas desgranó durante casi 90 minutos un espectáculo sin grietas y sin excesos a la galería: sobria, con una voz que parecía raptada del propio disco y con una banda capaz de llenar una plaza que aceptó en el mismo grado la mesura que la cantante transmitió durante todo el concierto. Lucie Silvas aún está a medio camino de ser recibida en la Isla como una artista de gran nivel. Mientras, en sus anteriores visitas a Madrid y Barcelona llenó las salas, de menor capacidad, sin mayores problemas.
La cantante británica presentó los temas de su nuevo álbum, "The same side", y rescató alguna canción de su anterior trabajo. Por supuesto, de su intermitencia en los dominios sobre el piano llegó la versión de "Nothing else matters" de Metallica.
La voz de Silvas es el complemento perfecto para su candidez escénica. O viceversa. Ella, en una propuesta casi lineal de extremo a extremo, fue capaz de salvar el decaimiento general merced a una garantía vocal fuera de toda duda. Silvas, que de guapa y atractiva también tendría ganados muchos concursos, tallaría para muchos la canción perfecta para una velada perfecta. Una voz de vértigo para un oído cercano. Seguro.
Dicen los responsables de Rider Producciones, uno de los artífices directos del concierto del pasado sábado, que Tenerife debe abrirse otra vez a los sonidos europeos contemporáneos. Pues que no se olviden de repetir con Silvas dentro de un par de años. Entonces será un éxito rotundo. Al tiempo.
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