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LA SEMANA RAMÓN PI

Y van nueve

11/mar/07 10:43
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SUCEDIÓ EL JUEVES en un bar de Madrid frecuentado por gentes del periodismo y la política. Un cliente habitual se dirigió a otro:

-Oye, ¿tú tienes influencia en Rajoy?

-Hombre, tanto como influencia, no creo, pero tengo buen trato con él. ¿Por qué me lo preguntas?

-No, por nada especial; era sólo para ver si nos puede dejar algún sábado libre?

La anécdota ilustra bien la sensación que los pobladores de Madrid tienen desde hace algún tiempo. No deja de ser curioso que se atribuya a Mariano Rajoy la iniciativa de las nueve manifestaciones multitudinarias que se han realizado en la capital de España en los últimos dos años, cuando en realidad ésta de ayer (dentro de unas horas cuando esto se escribe) es la primera que convocó el Partido Popular. Todas las demás fueron organizadas por decenas de entidades cívicas (Foro de la Familia, HazteOír.com, Basta ya, Foro de Ermua, Concapa?), ajenas a los partidos políticos; pero como todas estuvieron motivadas por sucesivos disparates del Gobierno, y el PP se sumó o animó a sus militantes a acudir a ellas, de ahí la impresión que existe en mucha gente de que el principal partido de la oposición ha venido simultaneando la acción política en las instituciones con las movilizaciones en la calle. Desafío

Como digo, escribo estas líneas antes de la manifestación, que se anuncia como la de mayor respuesta ciudadana de las nueve que ya llevamos, todas ellas de grandísima afluencia. Además, el viernes se produjeron, también convocadas por el Partido Popular, manifestaciones o concentraciones en sesenta ciudades de todo el país, fundamentalmente para aquéllos que no pudieran desplazarse a Madrid el sábado. Echar cuentas numéricas de cuántos hayan asistido en total, o en tal o cual plaza, es perder el tiempo y, sobre todo, desenfocar gravemente el significado de esta enorme movilización ciudadana.

El detonante de la indignación de millones de españoles -votantes de todos los partidos, no nos engañemos- ha sido la atenuación de la pena al terrorista Ignacio de Juana Chaos, que en realidad será su salida de la cárcel para hacer el paripé de cumplimiento en su propio domicilio del año y medio de cárcel que le queda por cumplir por dos delitos de amenazas.

Las circunstancias de esta excarcelación configuran la decisión del Gobierno como una inocultable concesión en toda regla al chantaje de la huelga de hambre del preso. Un preso que en virtud de la legislación de 1973 saldó sus cuentas con la Justicia por veinticinco asesinatos con dieciocho años de cárcel, unos nueve meses de prisión por cada víctima. Los ciudadanos tenían muy presente esta injusticia profunda, puesta de manifiesto por el entonces ministro Juan Fernando López Aguilar, cuando dispuso que se encontrase a toda prisa algún otro motivo legal para prolongar su condena y evitar que saliera a la calle.

El procesamiento por amenazas terroristas y la petición fiscal de 96 años de cárcel, reducida después a 12 y finalmente, en el Supremo, a tres, fue una chapuza, propia de quienes sostienen la funesta doctrina del uso alternativo del Derecho, residuo progre de cuño marxista que infecta todavía la mente de juristas brillantes como el "bolonio" ex ministro. Con lo que no contó el Gobierno fue con la reacción del asesino, que se puso en huelga de hambre, planteada como un desafío al Estado, al que el Gobierno de Rodríguez ha cedido vergonzosamente.

D

No se trata de un juicio temerario. Rodríguez ha sido incapaz de contestar a una sola pregunta: ¿Por qué la prisión atenuada? Las excusas, que no respuestas, han sonado falsas, puros pretextos de mal pagador, milongas sentimentales y demagógicas que, esta vez, han resultado piedras de molino demasiado grandes para ser deglutidas sin más ni más por la opinión pública. Porque ni la ley imponía al Gobierno hacer lo que ha hecho, ni el terrorista estaba al borde de la muerte, ni nada de lo que se dijo. La ignominia (que en castellano quiere decir afrenta pública, y eso es lo que ha perpetrado el Gobierno) se ha puesto de manifiesto sin remedio: Rodríguez Zapatero ha sacrificado el decoro del Estado en beneficio de la banda ETA. Nunca había ocurrido una cosa semejante, a pesar de los intentos gubernamentales de citar precedentes.

Todo esto explica muy bien la manifestación del sábado, y explica asimismo que esta vez pueda decirse que el Partido Popular se haya puesto, literalmente, al frente de una manifestación gigantesca que estaba en la mente de millones de españoles antes de que fuera convocada. Porque en el instinto colectivo permanece la sospecha vehemente de que a esta ignominia seguirán otras, empezando por permitir que el brazo político de la ETA, sea con el nombre de Batasuna o con cualquier otro seudónimo, se presente a las elecciones locales y autonómicas de mayo. No es descartable, pues, que a esta novena gran movilización en la calle sigan todavía otras, con todo el motivo del mundo, según se vayan produciendo batallas victoriosas para los terroristas. La gran mayoría de los españoles se subleva contra estas batallas que el Gobierno quiere perder, y está dispuesta a hacer lo que sea, a sufrir lo que haga falta, pero no a perder la guerra. Esta guerra contra el terrorismo se acabará ganando, y no por rendición del Estado, sino por derrota de los asesinos.

Rodríguez dijo en Bruselas que estamos en tiempo de las manifestaciones, y que ya llegará el de las elecciones. Por todos los síntomas, esta vez podría ocurrir que los ciudadanos fueran consecuentes. Éste es el terror de Rodríguez.

 

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