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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

¿Por quién votamos?

9/mar/07 02:00
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Miércoles a la hora de la sobremesa. Asisto de forma involuntaria, y exento de cualquier propósito previo, a una discusión -en el sentido de un debate- entre dos empresarios sobre el inminente futuro político de Canarias. Es decir, sobre lo que ocurrirá en estas Islas el 27 de mayo y en los días posteriores, cuando se fragüen los pactos que convengan. El caso es que la contienda dialéctica entre ambos "hombres de negocios" resulta interesante. "Si gana el PSOE sería inaceptable para los socialistas un acuerdo con CC en el que López Aguilar no asuma la presidencia", lucubra uno. "Circunstancia que obligaría a los nacionalistas a entenderse con el PP y repetir la misma historia de las dos legislaturas anteriores. Una victoria de CC, en cambio, facilitaría a esta formación pactar con el PSOE; en ese supuesto, el presidente natural sería Paulino Rivero, sin impedimento alguno para que de forma añadida, y como quien no quiere el asunto, Juan Carlos Alemán accediera a la vicepresidencia. Como a un ex ministro no se le puede bajar de silla a albarda sin ofender su condición, habría que buscarle un puesto transitorio a Juanfer hasta las generales de 2008. Quizá senador por la Comunidad Autónoma, acaso una embajada; lo que sea con tal de no ofenderlo más. A fin de cuentas, ya ha tenido bastante con dejar su cartera ministerial en la Villa y Corte".

Continúa la tormenta de ideas y continúo escuchando en silencio. Al cabo de un rato, tras análisis redundantes que, como los círculos viciosos, acaban donde empiezan sin tesis alguna, surge la pregunta del millón: "Entonces, ¿por quién votamos?", cuestiona uno de los dialogantes. "Evidentemente por el PSOE", le responde el otro. "Nos conviene que gane el PSOE para que no gobierne".

Sobra aclarar que el hecho de que los protagonistas de esta anécdota fuesen empresarios resulta fortuito; podían desempeñar cualquier profesión y plantearse la misma duda existencial. Hace poco me preguntó lo mismo -¿por quién tengo que votar?- un colega que nunca ha perdido su digna condición de mero currante. Lo inherente al asunto es admitir que el debate ideológico ha sido desplazado por el de los intereses inmediatos. Ahora es la conveniencia personal lo que nos mueve a una u otra opción el día de presentarnos ante la urna, con el voto en una mano y el carnet de identidad en la otra. Porque aquí -y de eso conviene hablar otro día- no sólo nos conocemos todos; también sabemos por quien vota cada cual.

Lo peor, empero, no es esta entrega incondicional a lo crematístico; lo realmente penoso es el tiempo que se pierde con cábalas inútiles. Tiempo y esfuerzo que se deberían dedicar, sin ir más lejos, a buscar una solución para el problema de la atención sanitaria. Verbigracia, para que no haya que seguir suspendiendo intervenciones quirúrgicas porque las urgencias están colapsadas. Y eso sólo es la punta del iceberg. ¿Tiene alguna importancia a estas alturas cuanto se dijo y escribió sobre la posibilidad o la improbabilidad de que Adán Martín repitiese como presidente? ¿Importará algo cuando estemos en julio o agosto, o cuando volvamos de vacaciones, la estéril gresca actual sobre quién se pondrá de acuerdo con quién después de mayo? Lo dudo. Aunque alguien dijo en Francia, hace ya bastantes años, que el primer deber de un político es conseguir que la gente se interese por lo que carece de importancia.

rpeyt@yahoo.es

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