LOS RESULTADOS de la elección parlamentaria en Irlanda del Norte confirman en términos generales el sentimiento político de los ciudadanos, acusan un saludable interés por asuntos ordinarios de la política local, terminan de blindar la paz y abren el camino para un "happy end".
En efecto, todo indica que el 26 de marzo deberá estar formado el gobierno multipartidario y multiconfesional previsto en los acuerdos de St. Andrews, de octubre pasado, a falta de lo cual en vez de un final feliz habrá la nada: la asamblea de Stormont, el parlamento autónomo, será cerrada, los señores diputados dejarán de cobrar y la provincia volverá por tiempo indefinido al gobierno directo desde Londres.
Pero esta vez, con un matiz: sin llegar a un condominio con Irlanda (la república con capital en Dublín) el porvenir será siempre concertado con aquella, donde los gobiernos, desde el recordado Albert Reynolds hasta su sucesor el ahora primer ministro Bertie Ahern, han hecho saber al Sinn Fein que no tocará pelo alguno si sostiene directa o indirectamente la violencia.
De hecho el cambio estratégico de los republicanos en Irlanda del Norte, el abandono de las armas por el IRA y el principio de su evaporación, han sido el fruto de la conducta antiterrorista de Londres y de los unionistas pro-británicos en Belfast pero también de la propia República de Irlanda. Sinn Fein entiende convertirse en un gran partido en toda la isla, ya tiene buena implantación en el Eire y entiende hacer política con o contra, según convenga, el mayoritario Fianna Fail de Ahern.
Este nuevo escenario, con tres actores y no los dos de siempre, es el gran cambio introducido hábilmente por Londres y Dublín como una mezcla de pista de aterrizaje y límite a la acción de los nacionalistas ex terroristas. El campo protestante y pro británico cuyo hombre clave ha terminado por ser el reverendo Paisley con su partido Democrático Unionista tardó en aceptar el juego, pero lo hace ahora y está listo para compartir el gobierno con los republicanos católicos.
El público ha cooperado en este diseño con su voto de ayer: adiós a las armas, fin del terrorismo (derrotado por la fuerza y por la política) y bienvenida a la normalidad que ya respiran hace tiempo las calles de Belfast.
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