LAS REACCIONES internacionales al sustancial cambio de rumbo que significa la aceptación de Washington de un papel para Siria e Irán en el intento de terminar con la pesadilla iraquí han sido de unánime felicitación: otra prueba de que la inútil pretensión estadounidense de seguir adelante no tiene defensores.
Formalmente todo ha sido obra del gobierno iraquí y, en concreto, del ministro de Asuntos Exteriores, Hosya Zebari, un kurdo; el guión exigía, pues, que fueran los iraquíes quienes hicieran el sensacional anuncio. Así fue: en tono menor, un portavoz del ministerio, lo anunció como si tal cosa ya bien entrada la noche del martes.
El mismo guión exigía que los norteamericanos se unieran al evento y, ya con mucha más solemnidad, pero sin quitarles el protagonismo dibujado en el libreto, Condoleezza Rice dijo que estaba encantada de anunciar que los iraquíes convocan una conferencia extendida a los vecinos y a la ONU con el apoyo norteamericano. Sirios e iraníes habían dado su aprobación previa.
La reunión, a mediados de marzo y a nivel de viceministros (por razones de seguridad, y, en realidad, porque será una ronda exploratoria) será seguida -y eso ya lo precisó directamente Rice en el Capitolio- por otra a mitad de abril con ministros de Exteriores. Si a la primera irán los vecinos, la Liga Árabe, la Conferencia Islámica y los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, a la segunda se unirán Alemania, Canadá, Italia y Japón. El mundo al completo.
La fecha elegida no es del todo casual: el día veinte de marzo se cumplirán los cuatro años de guerra y lloverán los análisis negativos ahora que, por ejemplo, el senador Harry Reid, jefe de la mayoría demócrata, se permite decir que la invasión ha sido el mayor error de política exterior de la historia norteamericana sin suscitar gran debate con esta sombría descripción.
Condoleezza Rice, tal vez con cierto sentimiento, ha obligado al presidente a hacer lo que Bush, con un lenguaje cortés pero inequívoco, rechazó en diciembre: aceptar la propuesta contenida en el sensato "Informe Baker-Hamilton" que preveía una conferencia regional en la que Irán y Siria, como los demás vecinos, estarían presentes y cuyas opiniones (podemos añadir) no podrán ser simplemente ignoradas.
¿Resignación? ¿Salvar los muebles? ¿Fin del sueño "neocon"? Un poco de todo y una gran dosis de realismo. Y, para terminar, ¿se puede imaginar un ataque aéreo a Irán en estas nuevas circunstancias?
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