NUMEROSÍSIMOS LECTORES han llamado a este periódico tras leer el Comentario de ayer para expresarnos su apoyo y la coincidencia con nuestras opiniones en torno a lo ocurrido en TVE-C con el reportaje del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife y con los políticos pillos que afloran a última hora en la precampaña electoral.
En cuanto al "affaire" de la televisión pública, donde el comité de empresa cree que la directora regional, Clara Rivero, puede haber incurrido en manipulación por obligar a un profesional a rehacer un resumen de la Gala de la Reina de Santa Cruz para que incluyera los abucheos al director del espectáculo y al alcalde, nuestros lectores están convencidos, como decíamos ayer, de que, de ser ciertos los hechos denunciados -y no hay por qué dudar de la palabra de un delegado tan veterano como el que relataba lo sucedido- estamos ante una nueva e intolerable cacicada de Las Palmas. La mayoría de las personas que llamaban se preguntaban si es que los tinerfeños no somos tan españoles como los canariones para recibir ese maltrato de TVE-C. Porque el continuo desprecio informativo a las islas occidentales del Archipiélago y, por contraste, el engrandecimiento de Las Palmas invitan a pensar que así es. En ese caso, dicen, que aclaren desde Madrid cómo nos consideran para tener las cosas claras y poder tomar decisiones al respecto. Por ejemplo, pedir, como mínimo, la separación provincial de la programación, con un canal propio para Las Palmas y otro para Tenerife, donde existen unos estudios, y con la correspondiente dotación de personal. Eso sí, que cada uno mantenga el suyo con sus impuestos.
Quejas populares al margen, lo cierto es que el Gobierno de Canarias debería aplicar más mano dura con Televisión Española en Canarias. Aunque no sea de su competencia, Coalición Canaria tiene un representante en el Consejo de Administración de Madrid y puede exigir igualdad de trato para ambas provincias y pedir explicaciones. Podría, incluso, solicitar el cese del director general nacional por incompetente o por dejarse manipular por sus subalternos canariones. Y también debería el Ejecutivo autonómico dirigirse a las televisiones nacionales privadas para que se piensen mejor su política de delegaciones en las Islas, pues todas han optado por instalarse en la tercera isla en importancia, en lugar de hacerlo en Tenerife, la mayor y la más poblada. Desconocemos por qué se han instalado allá. Absurdo.
En cuanto a la segunda parte de nuestro Comentario sobre los políticos advenedizos que irrumpen en cartelería de todo tipo por nuestras calles, es preciso repetir que no tenemos nada contra los partidos estatalistas, sino contra la demostrada dependencia de Las Palmas que padecen sus candidatos, sean de allá o de Tenerife. La gente está ya harta de aguantar tanto engaño y cualquier día puede producirse hasta un brote de violencia. Pero con esto no llamamos a la abstención; al contrario, hay que votar en mayo, pero, eso sí, con cabeza, sabiendo a quién va a parar de verdad nuestro apoyo. Porque a lo mejor creemos que estamos eligiendo al candidato de nuestra isla y resulta que estamos reforzando el poder de Las Palmas, pues a los que damos nuestro apoyo salen desleales y traidores a los votos de Tenerife.
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