1.- Se ha ido el tal Amargo a Madrid, en el avión, y no con una patada en el culo en la punta del muelle, metáfora que siempre se ha aplicado a los peninsulares no demasiado gratos. Queda aquí la resaca de una Gala maldita. Mas nunca se había hablado tanto del Carnaval tinerfeño en los medios de comunicación de España y de fuera. Si ese era el objetivo, pues parece cumplido. Otra cosa es el malestar interno. El alcalde ha dicho algo interesante: "De doce galas que he celebrado, dos han salido mal; una dirigida por un tinerfeño (se refería a Bazo ) y la otra por uno de fuera (la Gala de Amargo); procuraré que las cuatro próximas resulten de maravilla". El primer edil da por hecho que continuará mandando en Santa Cruz, lo cual ciertamente parece bastante probable. Yo creo que esta movida del Carnaval ha colocado a Zerolo las banderillas negras que necesitaba. Ahora andará más deprisa y más atinado.
2.- Y luego, los rivales políticos. Guigou , que ahora sufre de un grano en el trasero con la malcriadez de su Oda lys Padrón con el jefe de Protocolo del Ayuntamiento, el competente Manolo Pío , no ha dudado en arremeter contra el alcalde, como hace siempre. Nadie le escucha ya. Y el tontorrón de Ángel Llanos , candidato del PP, ha dicho su última parida, sin pestañear: "Lo de la Gala ha sido adrede, para desviar los problemas de Zerolo con la Justicia". Zerolo, la verdad, creo que tiene muy pocos problemas con la Justicia. Si no, al tiempo. Llanos ha perdido otra oportunidad de oro para callarse la boca. Le salió mal su puenteo carnavalero (intentó mediar en el conflicto con los vecinos) y ahora se ha convertido en don Erre que Erre.
3.- Cierto es que el jolgorio y el mascarerío han sustituido a la crispación; y Dios quiera que sea por mucho tiempo. La follandesca heterodoxa carnavalera y el retambufeo tradicional son sanos, dicen los contendientes, para restablecer la cordura que el avatar del año hace perder a unos y a otros. Estos son días desenfadados e inhibidores de la crispación que uno agradece, aunque yo prefiera la tranquilidad de este Hierro donde no veo ni una sola máscara; aunque quién sabe. Disfruten, desde hoy hasta la Piñata, que son los mejores días de la fiesta, y dejen que el alcalde se solace con su pueblo, al que intenta conquistar de nuevo, espero que con éxito.
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