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RECUPERANDO LA MEMORIA JOSÉ VICENTE GONZÁLEZ BETHENCOURT*

O´Donnell, tinerfeño y presidente del Consejo de Ministros

18/feb/07 01:40
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LEOPOLDO O'DONNELL y Jorris es el único tinerfeño que ha llegado a presidir en España el Consejo de Ministros, tres exactamente. Sólo otro canario, Juan Negrín, por método muy diferente, hizo lo mismo en la II República. O'Donnell nació en Santa Cruz de Tenerife el 12 de enero de 1809 en el seno de una familia de antepasados de la monarquía irlandesa con arraigada tradición militar, que él continúa ingresando en el Regimiento de Infantería Imperial Alejandro con el grado de subteniente. Por diversas acciones de armas en los sucesivos conflictos acaecidos a la muerte de Fernando VII, en 1833, ascendió sucesivamente a coronel, brigadier, y, en junio de 1837, a mariscal de campo, siendo nombrado en 1839 Capitán General de Aragón, Valencia y Murcia.

Al vencer al general Cabrera en Lucena, se le concedió el título de conde de Lucena y llega a teniente general. Por sus convicciones moderadas, tuvo que emigrar a Francia tras la revolución progresista de septiembre de 1840, y en 1841 se une a la conspiración del general Diego de León contra la regencia del general Espartero, en la que O'Donnell había recibido el encargo de alentar la sublevación militar de Pamplona, pero, al fracasar en Madrid el asalto al Palacio Real, intentado por Diego de León el 7 de octubre, tuvo que volver a refugiarse en Francia. En 1844, estando el general Narváez en el poder, se le nombró Capitán General de La Habana, cargo que ostentó hasta 1848. Al regresar a la Península fue nombrado senador y director general de la Academia de Infantería.

En 1853 se interesa por la política activa, y en junio de 1854, al frente de un batallón de Infantería y unido al general Dulce, se levanta contra el Gobierno, que encarga al general Blaser que se le enfrente, y en Vicálvaro, tras un combate simulado, ambos se retiran a la espera del 7 de julio, en que se publica el Manifiesto de Manzanares, redactado por Antonio Cánovas, que atrajo a su bando a gran parte del Ejército. Con el triunfo revolucionario, Espartero es nombrado presidente del Consejo de Ministros y O'Donnell se encarga de la cartera de Guerra. Con las nuevas Cortes crea un partido, Unión Liberal, con el que intenta aglutinar a moderados y progresistas, hasta que, tras la caída de Espartero, en julio de 1856, O'Donnell le sucede y forma un gobierno que duraría hasta octubre de 1857, en que es sustituido por Narváez. Vuelve a presidir el Consejo de Ministros en julio de 1858, declara la guerra a Marruecos el 22 de octubre de 1859, y O'Donnell se coloca al mando de las tropas, ocupando Tetuán en febrero de 1860. El tratado de Tetuán, que puso fin a la guerra, reconoció las posiciones españolas en el norte de África y amplió el territorio de Ceuta. La victoria le valió el título de duque de Tetuán con Grandeza de España. Gobernó hasta febrero de 1863, cuando, por presiones del Partido Moderado, presentó su dimisión, siendo sustituido por el marqués del Duero.

De su gobierno cabe destacar la rápida expansión de las líneas de ferrocarril, además de la guerra contra Marruecos, que devuelve a los españoles el patriotismo ansiado por el Duque de Tetuán. En 1865, las protestas estudiantiles (por el cese de Emilio Castelar) y la sangrienta represión del Gobierno (noche de San Daniel) llevan de nuevo a O'Donnell a la presidencia del Consejo de Ministros y al Ministerio de la Guerra. Tras la sublevación de sargentos de San Gil, el 22 de junio de 1866, enfrentado con Isabel II, O'Donnell deja su cargo y marcha a Biarritz (Francia), donde fallece el 5 de noviembre de 1867.

Siendo Valeriano Weyler ministro de la Guerra y rey Alfonso XIII, el Estado hace un donativo de bronce para que a la memoria de O'Donnell se erija un monumento en Santa Cruz de Tenerife, tal como publica la "Gaceta de Madrid" de 10 de enero de 1907. Alfonso XIII había puesto la primera piedra en 1906 en la plaza de Los Patos, pero el monumento nunca llegó a hacerse a pesar de que, siendo presidente del Consejo de Ministros, fue cuando se acordó conceder a Santa Cruz de Tenerife el título de ciudad, expedido el 29 de mayo de 1859 por decreto de Isabel II. Dicha piedra la conocería luego el pueblo como "piedra del rey". No hay monumento pero sí un soberbio busto negro de O'Donnell a la derecha de la escalera principal de la entrada del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

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