POR UN MOTIVO o por otro parece que este año el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, nuestro Carnaval, está de moda. Primero fueron unas inoportunas declaraciones de Rafael Amargo, luego, la denuncia de unos vecinos que insistieron un año más en intentar suspender los bailes nocturnos y, al final, una gala de la Reina que fue cualquier cosa menos una gala de Carnavales.
El asunto del ruido concluyó, finalmente, de forma favorable a la fiesta. Me hacen gracia, mucha gracia, los que ahora dicen que alarmamos innecesariamente. Son los mismos que, sin duda, hubieran dicho que escondíamos la verdad si hubiéramos esperado a que el juez dictaminara para hacer pública la petición de suspensión cautelar. Da igual, ese es un grupo de personas que, hagas lo que hagas y digas lo que digas, siempre encontrará un motivo para la crítica. Es gente que prefiere rendirse antes que luchar por defender sus tradiciones. Son personas que piensan que todos los demás son como ellos y, por eso, dudan de aquellos que no tienen otro objetivo que defender a su ciudad. Es, en definitiva, un tipo de personas que sólo mueven ficha cuando piensan que pueden sacar algún rédito político, que ponen su interés particular por delante de los ciudadanos y de Santa Cruz y, por eso, nunca las encuentras a tu lado cuando la ciudad necesita la unión de todos para salir adelante; en esos momentos, tienes que buscarlos enfrente de ti, tirándote piedras.
En cuanto a los vecinos que presentaron la demanda? Sólo puedo decir que estaban en su perfecto derecho. Ellos entienden que su silencio vale más que el ruido que generan las decenas de miles de personas que toman nuestras calles en Carnaval. Y aunque su decisión podría haberle hecho un daño irreparable a la ciudad, lo que está claro es que esos vecinos están legitimados para llevar su protesta a todas las instancias posibles y hasta las últimas consecuencias? como también lo están todos los carnavaleros para defender su fiesta. Al final, sin embargo, la justicia le dio la razón al pueblo de Santa Cruz y al sentido común. Y este fin de semana, como hacía tiempo que no se veía, en las calles de Santa Cruz no cupo un alma. La mejor, por no decir la única, forma de defender el Carnaval es demostrándole a todo el mundo que esta fiesta no entiende de malos rollos. Aquí el amor al Carnaval se demuestra bailando y divirtiéndonos, vacilando con los demás y demostrando tolerancia y respeto con el que discrepa.
En cuanto a la gala, no voy a volver a repetir lo que dije un minuto después de que terminara; fue un error. Un error enorme contratar a Rafael Amargo. Está claro que no era la persona que buscábamos para darle un giro al espectáculo y fue un error, también, no haber podido, porque la intención la tuvimos, rectificar a tiempo. La Comisión de Fiestas quería un cambio. Un cambio en el diseño de la Gala; un cambio que la modernizara sin perder su esencia y que permitiera que el espectáculo tuviera una mayor proyección dentro y fuera de la Isla. Esa petición de cambio no nació sólo del deseo de los integrantes de la Comisión de Fiestas; en los últimos años había quedado patente que era necesario darle una vuelta de tuerca al espectáculo para que volviera a emocionar a los carnavaleros.
Las galas de los últimos años eran buenas. Pero también es cierto que todo es susceptible de mejora. Por eso se intentó -fallidamente como hemos comprobado- apostar por una nueva dirección y por una nueva forma de entender el espectáculo. Esta claro -y no trata este artículo de ocultarlo sino todo lo contrario- que nos equivocamos. No en el objetivo final, sino en la elección de la persona a la que encargamos el proyecto.
Probablemente no supimos transmitir -pese a que se le ofreció visitar a los grupos y se le faciliraron todas las galas, y guiones, de años anteriores- hasta dónde debía llegar ese cambio. Está claro que no quedó claro y a estas alturas también está claro que el precalentamiento del ambiente con esas inoportunas y repetidas declaraciones tampoco sirvió para ayudarle. El resultado lo vimos todos. Y por eso salí a los medios de comunicación -antes incluso de que terminara la gala- a reconocer nuestro error. Lo dije en ese momento y lo digo ahora porque como alcalde es a mí a quien le toca dar la cara cuando las cosas salen bien y cuando salen mal.
Pero no podemos dejar que el Carnaval quede ahí. Siempre ha habido polémicas; el cartel, el tema, el escenario, los grupos, los concursos? un precarnaval sin polémica es casi impensable? es más, diría que casi sería un presagio de un mal carnaval. Así que, si es por polémica, les puedo asegurar que este Carnaval se presenta como uno de los mejores.
Tenemos ganas, tenemos el disfraz, tenemos la música, tenemos la mejor compañía -que es el pueblo de Tenerife- y tenemos el mejor escenario posible -nuestras calles- así que antes de que llegue la piñata vamos a disfrutar lo que nos queda.
* Alcalde de Santa Cruz de Tenerife
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