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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

A la fuerza y sin chistar

15/feb/07 03:03
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En estos tiempos la elegancia y los buenos modales no son precisamente la máxima aspiración de cualquiera, y mucho menos de quienes militan en un partido político. Sin embargo, un mínimo de pudor -eso que antes se llamaba vergüenza de torero, y que significa tener al menos una pizca de valor para no hacer el ridículo- exige mantener las formas. No es admisible que a uno lo proclamen candidato, y además cabeza de lista, al Cabildo de Tenerife, y luego se marche a Madrid sin más. No es admisible pero sí posible. Julio Pérez acaba de hacerlo sin despeinarse.

Ex gobernador civil de Tenerife y ex presidente de la Autoridad Portuaria -antes se llamaba Junta del Puerto; la pompa vino después-, don Julio ha vuelto a la política por la crematística razón de que necesita un sueldo. No andemos con eufemismos de servicio a la sociedad, responsabilidad ideológica con un partido y otros conceptos nobles, indudablemente que sí, pero ante los que sonríen personajes como Pepiño Blanco y otros fontaneros de la casa. Mediaba a su favor en su retorno que Paco Hernández Spínola, hombre encargado de organizarle la batalla a López Aguilar en Tenerife -el ministro de Justicia no tenía ni idea de lo que ocurre en esta Isla, y todavía anda bastante en pañales- le dijo que Julio Pérez era la persona adecuada para conectar con el empresariado tinerfeño. Como en el Cabildo parecía difícil que Pérez obtuviese un sueldo -si acaso Melchior necesita apoyos para la mayoría, los tendrá del PP sin ningún problema- había que incluirlo en la lista del Parlamento. Asunto que complicaba las cosas, pues la imposición del "chico-chica", y el hecho probable de que el PSOE no consiga más de seis diputados autonómicos por Tenerife, reduce a tres el número de varones socialistas susceptibles de sentarse en la Cámara regional, por esta circunscripción, después del 27 de mayo.

La rauda escapada de Julio Pérez hacia Madrid implica notables ventajas pero también conlleva un inconveniente. En el ámbito personal, Pérez soluciona su situación lejos de las cotidianas y cainitas peleas vernáculas; y en cuanto a la organización tinerfeña del partido, queda un hueco más para el Parlamento. Lo cual es de agradecer. El reverso de la moneda, no obstante, resulta demasiado áspero para que este esquema pase de mano en mano sin lacerar algunos dedos. Más que el descrédito de un partido, como se ha dicho, y de una irreverencia del PSOE hacia la institución más apreciada por los tinerfeños, estamos ante la consecuencia inevitable de un proceso irracional: el de los candidatos a la fuerza. Una carrera hacia el absurdo que comenzó cuando a López Aguilar lo echaron de Madrid -el abrazo y el "te vamos a echar de menos" con que lo despidió Fernández de la Vega hubiese asombrado hasta al propio Diógenes de Sínope, más conocido como el cínico-, y que culminará ya mismo cuando Santiago Pérez acepte, a la fuerza, la candidatura al Cabildo. Otro mal trago para él, que sea como sea deberá ingerir sin atragantarse. Santiago Pérez quiere seguir en el Parlamento, claro, porque eso le da más caché. Incluso como profesor asociado de Derecho. Pero cuando a uno le dicen que el Cabildo o nada, las opciones son pocas o tan sólo una: plegarse y acatar.

rpeyt@yahoo.es

 

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