L
levo días pendiente de ese barco con 400 inmigrantes que se encuentra, en el momento de escribir estas líneas, frente a la costa de Mauritania. Temiendo cómo y dónde acabará su errático deambular, decidí llamar a un conocido en Madrid vinculado al entorno del Gobierno central. Su información resulta un tanto tranquilizadora en cuanto a las formas de conducir el problema, aunque el final continúa en el aire. Ya al tanto de casi todo lo que se puede saber y bastante más de lo que se puede divulgar sin poner en peligro una complicada negociación entre España y Mauritania, decidí ser exquisito y contar también con la versión canaria del problema. En concreto, tuve la ocurrencia de telefonear a la Dirección General de Relaciones con África. Una mala idea. Lo sabía de entrada, esencialmente porque al ilustrísimo señor don Luis Guillermo Padilla Macabeo, a la sazón encargado de ese departamento, no le gusta que lo molesten. O, sin generalizar, no le gusta que lo moleste yo. Quiero suponer que eso no se debe a que soy un periodista de Tenerife, habida cuenta que en la isla redonda consideran que África les compete sólo a ellos. Pero ese es otro asunto. Ciñéndonos a la cuestión, no hace mucho tuve que aguantar una bronca monumental porque lo llamé a su móvil. Como no me gusta importunar a nadie, aguanté la reprimenda en silencio, me disculpé y telefoneé al día siguiente a su oficina a las nueve menos veinticinco de la mañana. Lo cual también incordió al ínclito ilustrísimo ?que Chela me perdone la redundancia?, según me lo hizo saber, por tan tremendo madrugón; como diría un cubano habanero.Lo de no llamarlo al celular lo entiendo. La última vez que hablé con Padilla me comentó, ufano, que acababa de telefonearle un secretario de Estado, o alguien así, "recién aterrizado en Gambia", o por ahí, deseoso de información sobre ese país africano. Fíjense ustedes qué mérito tan grande. Aunque sabiendo que con Moratinos el Ministerio de Exteriores anda como anda, reconforta pensar que hay alguien dispuesto a echar una mano. La incorrección de llamar a su oficina a las ocho y media de la mañana lo llevo peor, qué quieren que les diga. Esencialmente porque cuando salgo de mi casa a las seis, encuentro a un montón de trabajadores también obligados a levantarse temprano para pagar con sus impuestos, entre otras cosas, muchos ilustrísimos sueldos.
Huelga comentar que el señor Padilla Macabeo no tuvo tiempo de informarme sobre el barco errante. Lo supuse atendiendo una consulta importantísima, acaso de Condolezza Rice o persona de similar categoría, si bien la clave me la dio el mismo informante de Madrid: "Nada puede decirte quien nada sabe; el Gobierno de Canarias sólo tiene la información que le damos nosotros".
Una circunstancia que se me antoja cuando menos extraña, pues el Ejecutivo que preside Adán Martín, y por una noble decisión de Adán Martín, ha quintuplicado la ayuda canaria a Mauritania. En consecuencia, somos los pagadores pero no contamos. Lo cual dilucida por qué un ilustrísimo director general es tan reacio a explicar cómo, dónde y por qué se gasta el dinero que destinamos a la cooperación internacional. Y, sobre todo, qué recibimos a cambio. A lo mejor se los cuento yo un día de estos.
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