G. MAESTRE, S/C de Tenerife
Hace poco más de tres meses que varios fieles de la parroquia de San José, en la calle Méndez Núñez de esta capital, decidieron tratar de ponerle una solución a la escasa integración que parecían tener muchos de los inmigrantes. La solución que encontraron además de ser novedosa está teniendo mucho éxito.
En tan sólo tres misas se comunicó la intención de crear un taller de formación gratuito para resolver todas las dudas e inquietudes que los inmigrantes que lo desearan quiseran consultar.
Gracias a la colaboración desde el primer momento del sacerdote, este grupo de personas tuvo a su disposición los amplios salones que posee la parroquia junto a la sacristía.
El primer reto fue el de conseguir todo el material necesario para hacer frente a las necesidades de los futuros alumnos, puesto que no sólo haría falta el material didáctico sino también elementos básicos para la limpieza y el mantenimiento, e incluso los ordenadores. Con un simple listado de las necesidades colgado a la entrada de la iglesia, en tres semanas se había recogido un armario entero de libretas, bolígrafos, libros, etc. y, lo más importante, decenas de personas que se apuntaron para ejercer como profesores en todo tipo de materias, consiguiendo así el segundo paso necesario.
Los profesores voluntarios no sólo son personas con ganas de echar una mano y facilitarles la vida a los que llegan aquí y que no tienen prácticamente de nada; son profesionales que ponen a disposición sus conocimientos.
"Yo era maestra, aunque ya estoy jubilada; Cristina, la profesora de inglés, era azafata. Incluso hay una compañera que está dando clases de matemáticas avanzadas a tres chicos que estudian carreras técnicas. Ellos nos lo demandaron y nosotros no paramos hasta que se las pudimos ofrecer", asegura una emocionada Pilú.
Para publicitar este recurso ante la comunidad inmigrante, ni cortos ni perezosos un nutrido grupo de voluntarios entregó centenares de octavillas informativas en sitios tan concurridos como el rastro capitalino.
"La mayor parte de los que vienen son de por aquí cerca, pero estamos abiertos a que venga todo aquel que lo desee", afirma Miguel. "De hecho -añade Pilú- tenemos una considerable lista de espera de profesores aguardando a que vengan más alumnos".
Y así, a finales de noviembre nació Abriendo Puertas, ofreciendo, los miércoles por la tarde, las clases en las que, además de formarse académicamente, estas personas conocen las tradiciones e idiosincrasia canarias, aumentan sus habilidades sociales y, casi sin saberlo, dan el paso definitivo para insertarse definitivamente en la sociedad a la que llegaron buscando una vida mejor.
"Vienen familias enteras -explica Pilú-. Sin embargo, nuestra asignatura pendiente son los africanos, ya que hasta ahora no hemos logrado que venga ninguno y probablemente son los que más lo necesitan".
Pese a llevar escaso tiempo en funcionamiento, todos los que forman parte de este proyecto coinciden en afirmar que queda mucho por hacer. "Nos hemos dado cuenta de que a veces estas personas no conocen cuestiones básicas de primeros auxilios, remedios caseros e incluso cocina, así que estamos trabajando para empezar lo antes que podamos a formarlas en todos estos aspectos y en los que puedan ir surgiendo", explica Pilú.
La experiencia está siendo tan positiva para la comunidad que sus impulsores insisten en animar a otras parroquias u organizaciones de otro tipo que para que hagan lo mismo, y así, además de comprobar la enorme solidaridad de los ciudadanos, aumentar la calidad de vida de decenas de personas que viven en esta ciudad.
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