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ÁNGEL RIPOLLÉS BAUTISTA

El Médano y el hotel

4/feb/07 24:35
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PARA CONVIVIR con las gentes de El Médano hay que ser de natural sencillez, de recta intención, de corazón limpio. Que nadie llegue allí con miras diferentes, porque sería rechazado.

El poeta Pereira dijo... "Dios sabrá por qué entre tantos regatos, sólo uno llega a río".

Yo afirmo que Dios sabe por qué de tantas agrupaciones humanas sólo una tiene un médano: ese montón de arena, casi a flor de agua, en paraje en que el mar tiene poco fondo. Y tan poco que parece que se puede caminar sobre las aguas. Ello configura la playa más fabulosa de Tenerife. Origina que el lugar se le denomine por esta parte. Que se le nombre El Médano. Hoy en ascensión imparable, ya en bocas internacionales después de la publicación del folleto entre el Cabildo y el Ayuntamiento de Granadilla: El Médano desde ahora tiene resonancias universales.

Y gobernándolo todo, Nuestra Señora de Las Mercedes, tendiéndonos la mano para infundirnos su maternal piedad, y llevarnos confiadamente hacia el futuro, para honrarla, para tejer su amor bajo la noche estrellada, junto al mar salobre, infinito, insondable, haciendo brillar ese montón de amarilla arena a flor de agua.

En El Médano, en cada esquina encontramos esos vocablos inconfundibles que definen la isla, y encontramos el concepto vivo de la amistad de sus gentes, que te la entregan sin nada a cambio, cuando a ellos te diriges si vas con pureza de intención. Porque entonces te eligen sus hermanos, que eso es la amistad.

Ahora que El Médano tiene resonancias internacionales, repito, por el Puerto de Granadilla, nos viene a la memoria la inigualable playa de El Médano, de las mejores de Tenerife, y que queremos conservar tal y como es.

El Hotel El Médano y nosotros somos una misma cosa. Juntos nacimos. Hemos vivido juntos. Pero nosotros somos menos fuertes, nosotros nos iremos antes, y él, el Hotel, seguirá en pie para vigilar la playa, para salvaguardarla de cualquier amenaza. Para inundar de poesía cada mañana, para matrimoniarse con las onduladas olas llenas de sal y de amor, como lo ha venido haciendo hace más de cincuenta años.

Ese Hotel no puede morir, y así, por conocerlo, se pactó con la ministra Narbona. Y los pactos son para cumplirse. Y este sellado entre personas honestas tiene que cumplirse. Así no se pueden romper nuestros sueños, nuestras ilusiones y nuestras esperanzas.

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