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ALFONSO MORALES Y MORALES

El Balneario de Santa Cruz y sus aledaños

1/feb/07 11:13 AM
Edición impresa

DENTRO DE LA 3ª Feria de la Edición y IV Encuentro de Editores de Canarias, celebrada en una gran carpa en la antigua calle de La Noria, se hizo la presentación de la obra citada, con la presencia del prologuista, arquitecto de Valleseco, afincado en Barcelona, amigo de la autora, y el que suscribe, nieto de un antiguo socio del Balneario coetáneo de Santiago García Sanabria y asiduo a sus instalaciones desde la más tierna infancia, juventud, de milicias y hasta que se cerraron sus instalaciones, tras unas restauraciones no muy grandes, pero sí eficaces y de mejoras para los que asiduamente nos dábamos cita en tan grato lugar.

Muchos amantes de estas instalaciones acuden a nuestra mente: Óscar y Elio Reyes, Eustaquio Cabrera Rodríguez, Alfonso Pérez, Pedro Sanfiel, Alberto González, Luis Padrón, Manuel González, Marcos (Autobianchi), Enrique Núñez Pérez, Juan Manuel Marrero, Fernando Hernández Zamorano, Ramón Castilla Hernández, Ramiro Pérez (taxista), José Pérez Toledo, Antonio Hernández (policía), Juan Pedro Hernández (policía), Ignacio Rivero, José Seo, Manuel Pérez, Jesús Carmona, Juan Pérez (Simpatía), Pedro Hernández Pérez, Dámaso Carrillo Concepción, Ricardo González, José Ramos Padilla, Francisco Correa, Jesús y Manolo Correa, Sergio Medina Delgado, Máximo Cruz, Miguel Ángel Castro Bethencourt, Domingo Armas Pérez; Maike "el Inglés", Julio González (Telefónica), Ignacio Darias, José Antonio Pérez y Francisco Cartaya, entre otros. Estos nombres y otros muchos los hemos sabido gracias al amigo Sergio Medina, uno de los grandes luchadores para que el Balneario no cerrara sus puertas; lo mismo Tinguarito y el que suscribe, hasta bien entrado el año 1987 no perdimos el entusiasmo, al que se uniera también Antonio Martí, desde EL DÍA , en dos ocasiones.

Entre los jefes, recordamos a don José Delgado, siempre de negro, padre del joven que dio nombre a la residencia "Delgado Rizo"; don Enrique, el gallego; y doña Milagrosa. El concesionario del bar-restaurante, don José Hernández, padre de la autora del libro y gran entusiasta de que el Balneario no cerrara sus puertas.

Entre los empleados, evocamos las figuras de Cristina y Antonia, el señor Graciano González, Domingo, Antonio -de poblado bigote-, Eduardo (el rubio), pescador, Pepe, Honorio, Manolito, yerno de Milagrosa, Antonio, de la farmacia del Dr. Castelo, y Tomás, de la farmacia de nuestra compañera Encarnita García, esposa de mi buen amigo Pedro Évora Vargas; Juanito, funcionario de Correos; Pedrito, muy hablador; Luis Alcón (zapatero), Ignacio, de la tienda San José de Los Reunidos, Marcos...

Entre los aficionados al tenis y frontenis, vienen a la imaginación Pepito, José Sicilia, Manolo Báez, José, el andaluz y Francisco Morera, entre otros.

Muchas cosas acudieron a nuestra mente en la tarde-noche del 15 de diciembre de 2006, en la calle de La Noria, mientras los miembros de la mesa leían varios pasajes del libro, llegando su punto álgido al dar las gracias la autora, siguiendo un "vídeo" muy bien estructurado, ilustrado de bellas fotografías de campeonatos de natación, el paso de la vieja locomotora o las voces de personas conocidas de la vida "chicharrera", dejando constancia de sus vivencias; una de ellas, Libertad Álvarez, viuda de Falcón, que hiciera que a la mayoría de los asistentes se nos saltaran las lágrimas ante sus bellas frases y el recuerdo que para los tinerfeños suponían aquellos conciertos de zarzuelas en el Guimerá, y hasta la representación de zarzuelas como "La tabernera del puerto", de la que hacía una verdadera creación, creemos recordar.

Con la puesta en escena de esta segunda edición de la obra de Dolores Hernández Díaz, acompañada de un nutrido grupo de veteranos del Balneario, se están haciendo las gestiones, cerca de la Administración, para que se declare dicho recinto Bien de Interés Cultural, respondiendo a un proyecto de hace años: la creación de un complejo en el que se integraran el ahora decrépito Balneario, la residencia y el inmediato edificio del siglo XIX, que albergara la 2ª Batería de Costa, El Bufadero, de cuya belleza nos enteramos al retirarle el "camuflaje", dejando al descubierto aquella mole de piedras, ejemplo típico de la arquitectura de dicha época y comienzos del recién finiquitado siglo XX.

Dios quiera que alguno de los candidatos/as lo tomen como bandera y hagan que este proyecto sea una realidad y que no suceda lo apuntado por Miguel de Unamuno: "Una ciudad en que apenas si hay más preocupación que las de ganarse el pan, hacer dinero y divertirse acaba por ser un ámbito tristísimo para ciertos espíritus de selección".

ALFONSO MORALES Y MORALES