NADIE CONTABA, hace seis o siete meses, con el oscuro panorama que iba a rodear a las elecciones de mayo de 2007. Se especulaba, cómo no, con las discordias previstas e intrínsecas de cada organización política, de la posibilidad, también, de que era conveniente abrir las puertas para que muchos se marcharan y otros, en ese relevo que algunos hemos apuntado en distintos foros, entraran a renovar aires y rutinas chocheras. Incluso se podían aventurar ciertos pactos que nacerían tras la consulta electoral. La baraja del envite regional venía marcada con el tres de bastos, perica y malilla. El juego daba juego y los jugadores guiñaban con rapidez para borrar cualquier tipo de interpretaciones. Pero el tiempo, afirman, sitúa cada cosa y cada persona en su lugar y éste, ante la sorpresa generalizada, nada tiene en común con lo imaginado. El escenario, como decimos, se ha transformado de tal manera que hasta los propios actores son incapaces de reconocerlo. Se pierden entre tanto nuevo decorado y ni siquiera escuchan al apuntador. Las bambalinas contribuyen a la confusión y todo el teatro permanece en silencio mientras en los camerinos, situados al fondo del escenario, se escuchan voces airadas y guturales apenas comprensibles. Son los efectos de la cola del Delta político que atraviesa Canarias y cuyos efectos durarán hasta mayo de este año. No estábamos acostumbrados, ni los gobernantes ni los gobernados, a que una elección de candidatos se convirtiera en una recova de verduleras y en una eclosión de asuntos que nada tienen que ver, concretamente, con la intención del voto... a no ser que exista una conexión premeditada, aspecto que dudamos a pesar de que nunca hemos creído en las casualidades y sí en causalidades. Tenemos escrito aquí mismo que la Justicia debe ser animosa e independiente. El día que esto no sea así significará, sin duda, que hemos vuelto a los tiempos del régimen anterior o, lo que sería peor, a una nueva estalinización.
A pesar de esta imagen lúgubre hacia la que nos han dirigido los insaciables de poder, ha surgido en el horizonte político canario una situación clara y transparente de la cual, por el momento, vamos a salir beneficiados todos los tinerfeños. Después, y tal vez, se suba al carro de las positivas iniciativas que seguro aparecerán, la Federación canaria de Islas (Fecai). Nunca, en la pequeña historia de nuestra Comunidad, se había producido un hecho como el que va a ocurrir en las próximas elecciones al gobierno insular tinerfeño. Tres prohombres de la Isla van a competir, en buena lid, por esa presidencia. Ricardo Melchior, Julio Pérez y Antonio Alarcó conforman ese revulsivo que necesita la política de la Isla para que lo otro desaparezca rápidamente en el pasado. No vamos a plasmar ahora sus amplias y sobresalientes biografías, pero sí dibujar unos trazos sobre sus trayectorias públicas. Ricardo Melchior, ingeniero superior, fue vicepresidente del Cabildo desde 1987 a 1999, año en que pasa a presidir la institución insular. Senador desde 2004. Sobre su gestión basta decir que es el político mejor valorado por los tinerfeños... a pesar de las obras del tranvía. Julio Pérez fue, a nuestro entender, el mejor consejero de Sanidad, gobernador civil discreto y eficaz presidente de Puertos de Tenerife, prestigioso abogado y compañero periodista. Antonio Alarcó es catedrático de Cirugía de la Universidad de La Laguna, eminente cirujano del aparato digestivo, posee una sólida formación intelectual, colabora en este periódico semanalmente con un análisis político de la actualidad, se le ve en Canal 7 y se le escucha en Radio Burgado con intervenciones junto a nuestro compañero y amigo Andrés Chaves, denunciando, sin tapujos, los graves problemas que aquejan a Canarias. Y es que, asimismo, es periodista.
Nos encontramos pues con tres tinerfeños importantes, educados, con distinción (características que no abundan en la clase política), que enriquecerán, sin alharacas, los plenos del Cabildo. Da igual quién gane porque quien gana es Tenerife. Sólo un ruego desde esta líneas: sabemos que los tres son amigos y la política no debe interferir en esas buenas relaciones... nunca. Tendremos un Cabildo de lujo.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD