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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Un discurso y una carta

30/ene/07 11:36
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EL PASADO SÁBADO tuve que llamar a correos para que entregaran una carta. La había enviado a Las Palmas el lunes anterior por vía urgente, con el pago de las correspondientes tasas adicionales. Me aseguraron que estaría en manos del destinatario al día siguiente. Como el sábado por la mañana continuaba sin llegar, hice la mencionada llamada. La localizaron en una estafeta de Las Palmas, a donde el propio interesado tuvo que ir a recogerla en persona. Eso sí, han prometido que me devolverán lo abonado por la urgencia, a la vista del retraso. Quien no se consuela es porque no quiere.

Una de las grandes propuestas realizadas por Adán Martín a lo largo de esta legislatura es el eje transinsular, o algo parecido, para que se pueda ir desde La Palma a Lanzarote en menos de once horas. ¿O eran catorce? Qué más da, si una carta urgente tarda cinco días en cruzar la no muy larga distancia que media entre Tenerife y Las Palmas.

Adán Martín no se refirió ayer al funcionamiento del correo, en esencia porque su discurso sobre la canariedad estaba demasiado bien escrito para ocuparse de menudencias. Bien escrito y bien expuesto. Suelen gustarnos las grandilocuencias; preferimos hablar para una galería de personajes con cierta alcurnia intelectual, si tal fuese el caso -en general- de sus señorías vernáculas. Lo malo, pues toda moneda tiene su revés, es que a las personas normales y corrientes, esas que ayer tuvieron que levantarse temprano para ir a trabajar y que hoy han hecho lo mismo, a menudo le importan muy poco las pompas de la oratoria. Por eso lo que se debate en el Parlamento de Canarias -y en cualquier Parlamento- apenas repercute de puertas para fuera. De hecho, las peroratas no se oyen ni en la esquina del edificio, junto a la que pasan decenas de transeúntes cada minuto ocupados en asuntos más triviales, ciertamente, pero de los que no pueden prescindir para su cotidiana subsistencia. Aunque también estamos ante un mero asunto de fe: cuesta creer que un camión de cuarenta toneladas pueda ir de La Palma a Lanzarote en catorce horas, cuando una carta de pocos gramos necesita una semana para llegar a la isla de enfrente.

En cualquier caso, hubiera sido una simpleza políticamente muy incorrecta que Adán Martín hablase del correo en su alegato sobre la nacionalidad. Salvo para decir que tan luengos retrasos no se producirán cuando el Gobierno regional tenga transferida esa competencia. La sanidad y la educación son el mejor ejemplo. Hubiese sido una simpleza porque, merced a una de momento boyante situación económica, el canario medio dispone de dinero para recurrir a la mensajería privada. Y también a la sanidad, la educación, la seguridad y muchos servicios más prestados de forma privada por empresas al uso. Una forma de ir tirando.

Ignoro si el de ayer ha sido el último gran discurso institucional de Adán Martín como presidente del Gobierno. Personalmente me gustaría que siguiese en el cargo. No porque sea capaz de hacerlo mejor que su posible sucesor, sino para que, despreocupado definitivamente por entrar en la historia merced a obras faraónicas, tenga la oportunidad de centrarse en esas pequeñas cosas que no incluyen a nadie en la antología de los prohombres, pero sí le hacen la vida más llevadera a los vecinos.

rpeyt@yahoo.es

 

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