EL GOBIERNO DE CANARIAS se implica con la cultura, el Gobierno de Canarias duplica su oferta de festivales, teatro y danza; el Gobierno de Canarias no para de inyectar subvenciones a los cineastas patrios; el Gobierno de Canarias abre sus brazos a todos los gustos artísticos y el Gobierno de Canarias tiene tentáculos para que nos conozcan aquí y allá, y para que fuera nos asimilen como cobayas perfectas de laboratorio paisajístico, autoconstrucciones aparte, claro.
Lo que ni este Gobierno de Canarias ni los anteriores -que dicen que los hubo- parecen capaces de promover es la implicación del público en tantos eventos, según revela la nueva memoria de la Viceconsejería de Cultura, correspondiente en oferta a un próspero 2006, pero correlativa en hábitos a nuestra pobre esencia vernácula. El director de programación del Auditorio, José Luis Rivero, realizaba al respecto hace muy poco una reflexión en voz alta, de corte casi antropológico, y a mi juicio valiente por referirse a un asunto envuelto, por lo general, en un secretismo ridículo y en el puñetero rencor de clases: la gente aún no ha superado el miedo escénico a traspasar la puerta de un teatro o de un recinto de conciertos. No sabe el amigo Rivero cuánta razón tiene. En el Guimerá, sirva como ejemplo, la toma de asientos previa al comienzo de una obra deviene carnaza literaria de Choderlos de Laclos, porque siempre estamos los mismos (alguno con gesto complaciente, de selecta minoría), y mirando en derredor como el que pasa lista. Es cierto que persiste una lectura histórica que presuponía cierta elegancia -de atuendo, sobre todo- para asistir a los estrenos (de hecho, La Scala de Milán ha vuelto a exigir traje y corbata, un protocolo idiota y anacrónico contra el que ya ha saltado justamente algún Nobel como Darío Fo). Pero eso no justifica, o no debería, el miedo a la experiencia formativa. Quizá por eso, el 26,4% de los canarios (tampoco son muchos) escogen leer como primera -y muy solitaria- opción cultural. Una afición, por cierto, poco apreciable en determinada cartelería electoral. ¿Cómo puede haber partidos -"¿Hasta cuándo Santa Cruz va a seguir siendo, la Bella Durmiente?"- que se atrevan a pedir el voto escribiendo semejante comaza después del verbo? País.
*Redactor de EL DÍA
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