ANDABA YO PASEANDO por el aeropuerto Sur, contemplando los desperfectos causados por el conato de incendio sucedido días pasados, cuando pasó como una exhalación un amigo entrañable, mayor que yo, que anda en plena crisis de andropausia a pesar del combinado de pastillas que se endilga un día sí y otro también, por esa obsesiva manía de mantener el pabellón enarbolado como un adolescente.
-¿Pero, dónde vas con esas prisas?, le inquiero.
-Al Centro Marino de Bruselas, ya mismo, porque me he enterado de que hay una iguana macho, llamada "Mozart", a la que le van a extirpar un pene (las iguanas tienen dos), pues lleva varios días en erección y no hay manera de que se relaje.
-¿Y qué tiene que ver eso contigo?
-¡Hombre, eso ni se pregunta!, ¿te imaginas sin consigo hacerme con el instrumento y luego me hago un plato combinado con él y lo adorno con unas criadillas salteadas con mojo picón? No habrá máscara que se me resista y hasta es probable que mi fama trascienda y el propio Rafael Amargo me dé el papel protagonista de la versión musical de Casanova, que está proyectando para cuando acabe la gira mundial de su Don Quijote.
-Pero Amargo no quiere gordos ni viejos en escena -le aclaro a mi desesperado amigo-, y tú has entrado en la tercera fase de la edad de los metales. Más concretamente en la del plomo.
-Por eso no te preocupes -me replica-, que tengo un amigo "performance" que es capaz de sacarme un "look" de lo más "fashion". Con decirte que está asesorando a varios candidatos a un mismo tiempo. A uno de ellos le ha obligado a dejarse barba de seis días y ponerse unos vaqueros y una camisa a cuadros para visitar los lugares de ensayo de las murgas y no te digo cómo toca la trompeta cada vez que lo enfocan los reporteros. Parece como si fuera murguero de toda la vida, ¡vamos, que ya nació así! A otro lo ha disfrazado de Harry Potter algo estrecho, pero con ideas geniales para renovar el Carnaval sacándose de la chistera una maqueta de lo que será la nueva sede de la fiesta, al estilo de Río de Janeiro, además de proponer ideas para recuperar el viejo espíritu participativo de los ciudadanos. A un tercero lo ha vestido de hijo de papá y le ha dado una serie de mensajes incisivos para aplicar hasta el agotamiento por tierra, mar y aire, tratando de ofertar algo más que mortadela. Finalmente, por eso de las cuotas, ha creado un personaje mezcla de Catwoman y Cruela de Ville con pluma de escribano para levantar acta a todo lo que se mueva y comunicárselo a su jefe superior. Y no digamos nada del triunvirato a lo César, Pompeyo y Craso (este último en vez de rico, está muy rica), que en un pis-pas se desprenden de las togas cándidas y se mutan en moscas cojoneras que todo lo revuelven. En fin, que asesorado por un profesional de esta talla le voy a dar al Amargo ciento y una. Que si a él se le pone dura con el reto de la Gala, que espere y verá cuando me zampe al apéndice de la iguana y las criadillas? Estoy dispuesto a pagar lo que me pidan en el "Aquatopia" marino ese de Bruselas.
-Pues corre y que no se te adelante algún eurodiputado afín al Carnaval y te vaya a dejar dependiendo de las píldoras estimulantes que te zampas en cada desayuno. En último caso, siempre te quedarán los polvos?de Meléndez.
Curiosa fiesta mediática la que se han montado los aspirantes, con una tradición popular que se ha desvanecido año tras año en aras de proyectar una imagen hacia el exterior de un lugar que no es tan paradisiaco ni tan feliz como se pretende disfrazar, pero que aún así tenía el humor suficiente para tomar prestado el vestido viejo del sexo opuesto y echarse a la calle con un bigote postizo o sorroballado de colorete hasta las cejas para dar la murga al conocido con picardía y sin excesos. O, simplemente, cuando los más jóvenes se apuntaban en alguna rondalla o murga para conseguir el pase gratuito para todos los bailes. Tal vez sea que jugamos a la desigualdad de comparar el presente con el pretérito, pero, repito, la realidad del Carnaval participativo se ha convertido en una entelequia, puesto que el listón de la calidad del disfraz supone cada vez un mayor esfuerzo económico y todos sabemos que no basta la subvención del Organismo Autónomo, sino que los que esto perciben tienen que mantener el ritmo o la melodía de forma permanente en las caderas y atender el resto del año a compromisos como si fueran auténticos profesionales, que no lo son.
Tampoco están las economías personales para superar los adornos del disfraz del año anterior. Y luego está la inseguridad que se palpa, por mucho que se diga o se hable de una fiesta tranquila. Tranquila sí, siempre que no intervenga el demonio de la droga, el alcohol mal asimilado o el revanchismo xenófobo estilo Alcorcón. Por cierto, Sergio García no va a tener este año ningún tipo de problema para conseguir los setenta nubios que necesita para su puesta en escena en La Orotava, porque los hay a puñados y en paro absoluto.
Intuyo que más de un lector estará llamándome aguafiestas, pero también percibo que, a pesar de ello, me están dando la razón de alguna manera, pues en definitiva uno ha sido testigo y partícipe de todo lo que ha expresado y siente, como todos, que el espíritu del Carnaval se ha mutado en un canal nacional o internacional y un oneroso nombre artístico reconocido mundialmente. No sé porqué me ha venido a la mente aquella frustrada propuesta que se le hizo al escultor Frank Ghery para reproducir un chicharro con forma de tamboril. Y luego me dicen que exagero cuando me enfado al leer en estas mismas páginas respuestas alusivas a mi sugerencia de emplazar una segunda fuente en la plaza de La Paz, por puro ejercicio de simetría y buen gusto estético, y aducen que resulta altamente oneroso construir dicha réplica.
En fin, que las amarguras de Rafael no son tales y que, a fin de cuentas, lo que se desea es que todo salga lo mejor posible y en paz.
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