COLPISA, Jerusalén
Y la chispa prendió en la Universidad. Ni partidarios del Gobierno, ni los seguidores de la oposición chií de Hezbolá, perdieron ayer de vista la reunión de donantes para la reconstrucción del Líbano, París III, y las posturas enfrentadas de quienes apoyan al Ejecutivo que recibía en Francia el balón de oxígeno de 6.700 millones de dólares, y los que han visto en ello una provocación del primer ministro, Fuad Siniora, para promoverse a nivel internacional, estallaron en una cafetería estudiantil.
El Ejército libanés se vio obligado a decretar en Beirut y sus alrededores el toque de queda, entre las 20.30 de ayer y las 06:00 de hoy, para tratar de aplacar la batalla campal que tiñó la capital de un clima de guerra. Y que dejó dos víctimas mortales, al parecer de las filas chiíes, y al menos 17 heridos.
El choque se inició por la mañana, en una discusión entre alumnos suníes defensores del Gobierno y simpatizantes del movimiento Hezbolá, para quienes la conferencia de París de ayer no era más que un escaparate a mayor gloria del gabinete de Siniora, al que la oposición ha jurado tumbar por sus inclinaciones pro-occidentales y su supuesta ausencia de representatividad. La trifulca verbal que se extendió a la velocidad de la pólvora hacia la calle, donde de inmediato una turba de gentes con palos, piedras e incluso trozos de muebles se dijo a golpes lo que llevan diciéndose con manifestaciones y sentadas permanentes hace meses: que hay una fractura irreconciliable. Y que el uso de la fuerza que funcionó ayer por tercer día consecutivo en la capital puede surgir en cualquier momento.
Con la entrada en vigor del toque de queda, los incidentes proseguían en los barrios de Tarik Ydeide y de Raouche.
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